TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


La vieja política española no precisa de FaceAPP

La Vieja Política, en España, está aquí, nunca ha terminado de irse, por muchas cosas que ocurran en nuestra oscilante, surrealista, coyuntura. Las propuestas son siempre las mismas y no precisamos de una aplicación como FaceAPP, tan de moda, para pensar en las arrugas que dentro de unos años tendrán las ideas de nuestros políticos: ya están añosas. Y la que nos viene encima, con no-investidura incluida, es una buena muestra. 
Dicen los viajeros a La Moncloa, los que son admitidos a husmear en el entorno influyente del presidente del Gobierno, que ahora casi todo lo fían Sánchez y su círculo de hierro a una abstención generalizada para permitirle a él, Sánchez, gobernar en solitario sin adherencias indeseables. Abstención de todos: Podemos, PP, Ciudadanos, Esquerra -que este viernes decidía, no sin tensiones internas, su posición ante la votación del martes próximo--, hasta Junts per Cat, que menudo lío interno tiene también sobre lo que hacer el martes y/o jueves próximos, cuando Sánchez saldrá o, probablemente no, investido. 
Creo que Sánchez peca de ingenuo cuando cree que las otras formaciones políticas harán lo que él cree que gustaría a una mayoría de los españoles, o sea, dejarle gobernar en su paz. Que se sepa -es posible que este fin de semana se nos lancen nuevos mensajes, más o menos subliminales: a los medios se nos utiliza ahora para eso, para lanzar recados a los adversarios o rivales- Sánchez no ha ofrecido nada a cambio de las abstenciones. Ni siquiera un programa que pueda confortar a alguno/s de los grupos invitados a abstenerse. Ni una dádiva, más allá de las migajas de segundos escalones a Podemos, eso sí, con el 'diablo' -palabra, lo he escuchado en boca de alguien importante- Pablo Iglesias vetado. 
Y la política hoy es do ut des, cesiones y acuerdos beneficiosos para todas las partes. Avance. Imaginación más allá de la política de mera imagen. Reformas, Regeneración. Por ejemplo: ¿qué tal si el lunes, en vez de pedir la abstención de todos, Sánchez lanza la idea de un gobierno de todos, presidido por él mismo, para, al menos durante dos años, proceder a una serie de imprescindibles reformas 'de alcance' pactadas entre todos? ¿Por qué no van a estar en ese Gobierno 'de cooperación', o más bien de concentración, sensibilidades próximas a Podemos, a Ciudadanos, al nacionalismo vasco y al nacionalismo catalán no independentista, al propio Partido Popular? Y, sobre todo, ¿por qué no iban a participar representantes destacados de la sociedad civil? 
Claro, esto es volar hacia lo imposible en esta España nuestra. Pero también lo es pretender que todos te dejen gobernar, absteniéndose, y convencernos de que se puede gobernar con apenas 124 escaños, contando con el ya famoso cántabro, el de Compromís y nadie más. ¿Dónde quedarían los afanes regeneracionistas, de cambio, que este país necesita? ¿Quién aprobaría los Presupuestos? ¿Se trata apenas de sobrevivir unos meses más, unos años, en La Moncloa? ¿Más abstenciones? España no puede ser la nación de la abstención, sino la de la construcción activa del futuro. Ese sería el discurso que a mí me gustaría oír de labios del presidente el lunes a mediodía. El discurso que, ay, no escucharé. Porque, y me gustaría equivocarme, aquí andamos, con el FaceAPP político instalado. Y no como realidad virtual precisamente. 



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