El regreso de Artur Mas

Agencias
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El exlíder de CiU ya puede volver a la arena política tras 13 meses de inhabilitación por organizar la consulta ilegal del 9-N en 2014, aunque su decisión es aún una incógnita en pleno momento preelectoral

El regreso de Artur Mas - Foto: Enric Fontcuberta

Un nuevo escenario político se cierne sobre Cataluña tras el regreso del expresidente Artur Mas a la vida pública de la comunidad. El nacionalista regresa a la arena política tras 13 meses de inhabilitación a los que fue condenado por la consulta del 9-N y en pleno momento preelectoral en Cataluña.
Delfín del que fuera durante 23 años presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, ejecutor de los recortes en plena crisis y artífice del procés a partir de 2012, Mas tiene desde hace unos días vía libre para ser candidato electoral y ejercer un cargo público. Pero, ¿lo hará?
Públicamente, el barcelonés ha preferido mantener el interrogante sobre si será candidato: «Desde el punto de vista legal, puedo a partir de febrero. Desde un punto de vista político, no lo sé. Y desde punto vista personal, sería que no», ha contestado en diversas entrevistas.
Mas, organizador de la consulta soberanista del 9 de noviembre de 2014, es un referente en el espacio postconvergente, pero mucho ha llovido desde que en enero de 2016, repudiado por la CUP -que se negó a investirlo como president-, tuvo que ceder el testigo a Puigdemont, y difícilmente tendrá cabida en puestos relevantes en la futura lista electoral de JxCat.
Los sectores más cercanos a Puigdemont y alejados del PDeCAT -la formación heredera de CDC- no dejan de verle como un convergente que aplicó recortes y que estuvo al frente de una Convergència salpicada por casos de corrupción, por lo que no verían con buenos ojos que se postulara como próximo candidato de JxCat a la Generalitat.
Además, sus diferencias con Puigdemont sobre cómo orientar el procés son notorias, si bien Mas ha mantenido las distancias con el sector crítico encabezado por la senadora Marta Pascal, excoordinadora general del PDeCAT, una de las voces que le aconsejó repetir elecciones en lugar de dar un «paso al lado» en 2016 y que en estos momentos se plantea crear otro partido más moderado.
El exlíder de CiU se ha dedicado en los últimos meses a trabajar entre bastidores para tratar de tejer puentes entre el PDeCAT y Waterloo, desde donde Puigdemont mueve los hilos del difuso espacio de JxCat, que abarca no solo a los herederos de la antigua Convergència sino también a la Crida Nacional per la República -que lidera Jordi Sànchez desde prisión- y a sectores independientes que se han ido acercando al proyecto.


El president de la consulta

Hace seis años, Puigdemont era simplemente el alcalde de Gerona y Mas, el president que se disponía a liderar, por primera vez, una consulta sobre la independencia que marcó su trayectoria política.
Después de un primer mandato al frente de la Generalitat condicionado por los recortes (2010-2012), Mas viró hacia el independentismo y, tras ser reelegido en los comicios de finales de 2012, apostó por organizar una consulta sobre la independencia que llevó a cabo el 9 de noviembre de 2014 sin el acuerdo del Gobierno de Mariano Rajoy y desoyendo al Constitucional.
La consulta del 9-N fue un éxito organizativo del Govern, pero le acabó llevando al banco de los acusados del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), junto con los exconsellers Joana Ortega, Irene Rigau y Francesc Homs (este último fue juzgado directamente en el Tribunal Supremo al ser entonces diputado en el Congreso).
El 6 de febrero de 2017, Mas subió la escalinata del TSJC para ser juzgado por desobediencia en una de las ya numerosas jornadas históricas del proceso independentista.
Era la primera vez desde la Transición que se juzgaba a alguien por su actuación como president, aunque entonces Mas ya no era inquilino del Palau de la Generalitat.
Un año atrás, Mas había dejado paso a Puigdemont, al no haber logrado que la CUP desistiera de su propósito de vetar su investidura y enviarlo al ostracismo político.
El 13 de marzo de 2017, el Tribunal Superior de Cataluña condenó al convergente por desobediencia a dos años de inhabilitación, que luego el Tribunal Supremo, en un fallo conocido el 17 de diciembre de 2018, rebajó a 13 meses al equipararlo con la condena a Homs.
La ejecución de la sentencia comenzó el 23 de enero de 2019, por lo que la inhabilitación de Mas culminó el 23 de febrero, marcado en el calendario -caprichos de la Historia- como un 23-F. Ahora, Mas es ya libre para hacer y deshacer en política, aunque eso aún está por ver y decidir.