OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Mierda

Hoy propondré un viaje que incluye acertijo. Imaginemos, o quizá no haga falta tal esfuerzo mental, un centro educativo especial, de esos del siglo XXI que formarían alumnos supuestamente seleccionados a fin de desarrollar en ellos ciertas aptitudes —¡e incluso actitudes!— orientadas hacia alguna manifestación artística concreta. Nuestro viaje por la fabulación nos llevaría a un aula en la que se encontraría, con más alumnos, una de esas seleccionadas de 10 años de edad. De repente, de su cuerpo saldría un estruendoso y voluntarioso cuesco que dejaría atónitos a los presentes. El profesor, sorprendido; los compañeros se dirigirían a ella, sin remilgos, calificándola de todo lo imaginable. Ella, sonriente pero sorprendida por los comentarios, justificaría lo ocurrido argumentando que habría comido fabada y que sería lógico lo vivido. Los demás, ante el despliegue oloroso que el hecho acontecido desarrollaría, intensificarían el nivel de sus valoraciones verbales. Ella no se inmutaría. Momentos más tarde, otro profesor de la susodicha, que también le daría clase pero siempre ante la presencia de su madre, confirmaría que esa actitud la podría poner de manifiesto la niña, prácticamente todas las semanas, ¡ante la propia madre! y sin que la progenitora se inmutase lo más mínimo. ¿De tal árbol…? Una hora más tarde, en ese mismo centro—¡ recordemos que nos encontramos en un posible e imaginario viaje!— se descubrirían, en las paredes del servicio de hombres, enormes pintadas, seriamente ofensivas hacia las chicas, escritas por adolescentes y con heces fecales. No sería esta la primera vez que tales muestras de cultura urbana, reciclando materiales orgánicos, se descubrirían en el mismo lugar. Cualquier parecido con la realidad ¿es fabulación, maldad del escribano, retorcimiento mental del lector o simple realidad? Pues eso: mierda.