TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Los estupefactos

En el siglo de las nuevas nomenclaturas (los liberales, los progres, los indignados, los ofendiditos…) para los grupos que forman los demás, en las zonas nobles no oficiales del Camp Nou se está creando la legión de «los estupefactos». Mostrar estupefacción, literalmente, es sorprenderse, asombrarse o desconcertarse ante algo poco habitual, pero también ser incapaz de comprender ni reaccionar. Allá estaban los Minguella y compañía, varios punto por encima de «escépticos» y solo uno por debajo de «ultrajados» cuando se confirmó el fichaje de Antoine Griezmann, el demonio francés que -a su juicio- se había reído del Barcelona con el rodaje de aquel documental La Decisión… en el que anunciaba su renovación con el Atlético.

Los estupefactos podrían escoger como imagen de su causa al hoy comentarista y ayer agente, entrenador, asesor del club, etcétera. O, si prefieren alguien más joven, también tienen un buen portavoz en Toni Freixa, ex directivo, quien además empleó la palabra fetén para postularse como bandera del comité: «Estoy estupefacto con todo esto; espero que sea mentira». Uno de los hombres fuertes de Laporta, Rosell e incluso Bartomeu pone el grito en el cielo con el posible retorno de Neymar («Estamos poniendo en peligro el proyecto deportivo y la sostenibilidad económica», dijo, tal vez subido a un cajón de cervezas con los estatuts en la mano, estilo predicador del apocalipsis en plaza pública).

Dar voz a los estupefactos, a los indignados, a los ofendiditos… es siempre necesario para no deglutir solamente la versión oficial, la que nos venderá casi cualquier movimiento (aplicando el mismo criterio) varios puntos por encima de «necesario» y solo uno por debajo de «obligatorio». Ahora, cada cual es libre de elegir la voz que le representa y creerse la versión que más le guste.