Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Las razas no existen

¿De qué color es Antonio Banderas? En EE.UU. no es un hombre blanco. Con incredulidad, sorna y perplejidad, nos hemos tomado eso de que nuestro actor más internacional, haya sido una de las dos ‘personas de color’ nominadas a los Óscar. Nadie, ni siquiera allí, está pensando que Banderas sea negro, sino que el actor está dentro de la categoría estadounidense POC, ‘people of color’ que engloba a todas aquellas personas que no descendemos de la Europa anglosajona, blanca, cristiana, que configuró el país tras la inmigración del siglo XIX. Y ‘los blancos españoles’ somos de color en tanto que hispanos. Es como cuando nosotros identificamos a nuestros vecinos marroquíes como ‘no occidentales’ sabiendo que forman parte de nuestro mismo espacio geográfico, de hecho, su nombre significa ‘el país del Occidente’. POC es una categoría que representa a los otros, los diferentes por motivos diversos: la religión, la cultura, la lengua, el territorio de origen, y también el color de la piel. Una diversidad sociocultural que históricamente ha servido para identificar a los seres humanos con diferencias naturales y genéticas adscritas a distintas razas. Pero esto hoy no se sostiene desde ningún rigor científico.
Las razas humanas no existen. Existe la raza humana. Todos los seres humanos somos de una misma especie biológica y genética. La comunidad científica, y especialmente la Antropología, ha sido clave para constatar «que todos somos diferentes, porque el medio ambiente va variando de forma gradual, por eso cada uno de nosotros es diverso, pero de forma individual y no en bloques raciales homogéneos» ( ‘Sobre la inexistencia de las razas humanas’, F. Livingstone, 1962). Por ello no entiendo que el Ministerio de Igualdad haya creado una Dirección General con el nombre de ‘Igualdad de Trato y Diversidad Étnico-Racial’. Incorporar el concepto de raza asumiendo su existencia en la diversidad, choca y contradice la evidencia científica que un organismo público e institucional de este calado debería tener en cuenta. Sobre todo porque será la referencia y la herramienta más importante del Estado para luchar contra el racismo. La Dirección General del Ministerio de Igualdad debe luchar contra el racismo pero no por la igualdad racial.
Las razas humanas no existen pero el racismo sí. Una persona puede ser negra o blanca, en mayor o menor grado, afrodescendiente, india, latino, de la minoría kurda o gitana, y sufrir desigualdades y discriminaciones por estas razones. Hay gente que aún sigue clasificando estas características en razas distintas. Incluso en esta era de las identidades, muchas personas se asumen así mismas como de una raza diferente. Por estas razones se ha acuñado el concepto de personas ‘racializadas’. Para identificar ese racismo que sigue vigente y al que quiere combatir este organismo del gobierno con una denominación, a mi juicio errónea.
Un acierto que el Ministerio de Igualdad incorpore la lucha decidida contra la discriminación y también que lo haga con personas que lo conocen de primera mano. Rectificar es de sabias. Y si la Ministra ha cambiado a la Directora General para nombrar a una mujer ‘racializada’, le animo a que cambie el nombre y elimine una categoría sobre las personas que no deberíamos perpetuar.



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