En el epicentro de la despoblación

J. López
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Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística indican que el 30 por ciento de la población que reside en la provincia tiene más de 60 años y el 18 por ciento supera los 70

En el epicentro de la despoblación

Escuelas que echan el cierre por falta de alumnos, líneas de autobús que desvían su itinerario o que cesan el servicio, comercios y bares que echan el cierre porque ya no hay vecinos a los que vender o despachar, oficinas de farmacias y botiquines que abren a determinadas horas, o el médico de cabecera que pasa uno o dos días por semana. Estos podrían ser los síntomas severos que auguran una terrible enfermedad: la despoblación.
Probablemente allá oído hablar de la Laponia del Sur, un término acuñado en 2011 por Francisco Burillo, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza, que delimitaba un área abarcada por las provincias de Cuenca, Guadalajara, Teruel y Soria, de más de 63.000 metros cuadrados y una densidad de población de 7,7 habitantes por kilómetro. El epicentro de la bien llamada Laponia del Sur se situaba entonces entre Cuenca y Guadalajara.
Años más tarde se han llenado páginas y páginas de noticias y artículos de opinión sobre la que ahora se llama España Vacía o Vaciada, un término que dio título a un ensayo del escritor Sergio del Molino y que se ha convertido en viral. 
Lo cierto es que, años más tarde, varios síntomas indican que la tendencia no sólo se ha frenado sino que la enfermedad, en el caso de Cuenca, está afectando sobremanera a numerosas localidades de la Serranía y la Alcarria conquense. 
Envejecimiento. De entrada, uno de los síntomas que indican que muchas localidades padecen la despoblación es la edad de sus residentes. Y es que los últimos datos de población del Instituto Nacional de Estadística (INE) que se publicaron este miércoles, con registros de 1 de julio de 2019, indican que el 29,7% de la población que reside en la provincia tiene más de 60 años de edad y el 18,3% supera los 70 años.
En cambio, la base del gráfico de la pirámide poblacional no tiene suficiente consistencia para augurar un reemplazo efectivo en los años venideros. Es decir, de enero a junio del año pasado sólo se registran 209 neonatos por los 660 del mismo periodo de 2018. Además, la población entre uno y cinco años sumaba en julio 7.550 niños de ambos sexos, 159 menos que en el séptimo mes de 2018.
Nacen menos bebés pero también fallecen más residentes. En el registro de defunciones en la provincia hay, entre enero y junio del pasado año, 1.242 personas –641 varones y 601 mujeres–, mientras que en el primer semestre de 2018 se produjeron 1.274 fallecimientos –642 varones y 632 mujeres–.
En el caso de la capital conquense, durante el primer semestre del año pasado se contabilizan 75 nacimientos –el INE indica que los datos no están completos–. En cuanto a las defunciones, entre enero y junio se han registrado 282 fallecimientos. En 2018 fallecieron 547 residentes en la capital, mientras que un año antes se produjeron 528 muertes. 
Migraciones. Otro de los fenómenos demográficos que indica el éxodo masivo de muchos residentes son las migraciones. En la mayoría de los casos son gente joven, con pocos recursos económicos, que busca en localidades mayores y en las grandes capitales las oportunidades laborales que se le niegan en sus poblaciones. 
El flujo de migración interprovincial indica que durante el primer semestre del pasado año emigraron a otras provincias 1.557 conquenses. A lo largo de 2017 se marcharon de Cuenca 3.327 habitantes y en 2018 lo hicieron 3.770. 
¿A dónde se marchan los conquenses? Pues, en ese tiempo, eligieron principalmente Madrid, Valencia y Albacete como destinos donde encontrar una segunda oportunidad. Otros apostaron por Toledo, Barcelona o Alicante.