COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Migrantes sin destino

Que el barco de la oenegé Open Arms rescataría a todos los migrantes en peligro que se encontraran en alta mar era una posibilidad cierta desde que partieron de Barcelona, aunque llevarán la advertencia de no hacerlo. Sus portavoces ya dijeron que lo harían porque así lo impone la ley del mar y el imperativo humanitario cuando un barco ve que están en peligro decenas de vidas humanas que huyen de la tortura, la violencia y la explotación en las costas libias.

Las circunstancias en las que se encuentran los 121 migrantes recogidos por el Open Arms son muy similares a las que vivieron los rescatados del Aquarius y otros tantos recogidos por barcos de distintas oenegés que, tarde o temprano acabaron encontrando un puerto en el que desembarcarlos, incluidos los italianos a pesar de las advertencias, amenazas y admoniciones del ministro del Interior italiano, el líder de la xenófoba Liga Norte, Matteo Salvini. Por tanto es de esperar que cuanto antes, puedan ser desembarcados en un puerto seguro como solicita la organización española, lo que descarta la posibilidad de que los migrantes sean devueltos a Libia.

Mientras que el barco de pabellón español se encuentra a la espera de que sea autorizado a atracar es muy posible que desde las costas de este país hayan salido nuevas embarcaciones precarias en la que los refugiados o quienes buscan nuevas oportunidades para ellos y sus familias han podido hundirse en el mar convertido en una profunda fosa común.

Las penalidades que se viven a bordo del Open Arms ponen de relieve la ausencia de una política migratoria común de la Unión Europea que estableciera un mecanismo de reparto inmediato de los migrantes recogidos en el mar y las dificultades para hacerlo por la utilización partidista que del drama migratorio realizan los partidos ultraderechistas, que han contaminado a los conservadores, y los países ultranacionalistas. Y no están previstas a corto plazo acciones de la nueva Comisión Europea ni de sus líderes para abordar este problema.

Desde un punto de vista cuantitativo, los 121 migrantes rescatados por Open Arms representan un porcentaje muy bajo con respecto a los que son llevados a tierra por las embarcaciones oficiales españolas de Salvamento Marítimo en aguas del Estrecho y el mar de Alborán, que son las áreas de responsabilidad nacional en la frontera exterior de la Unión Europea, y en la que cumple sus deberes, como revelan la cifra de rescates de pateras realizados.

La displicencia del Gobierno en funciones en solicitar la intervención de la Comisión Europea para que ponga en marcha el procedimiento de reparto entre distintos países los migrantes rescatados no se entiende toda vez que hay que resolver una situación de hecho y más cuando desde distintas comunidades autónomas española, de Extremadura a Navarra pasando por Valencia se han mostrado dispuestas a acoger a los rescatados. Es una actitud que pone de manifiesto las contradicciones de la política migratoria del gobierno en funciones, que cuando no obstaculiza la salida de los barcos de las oenegés españolas mantiene la misma posición que los gobiernos italiano y maltés de no permitir el desembarco de los migrantes hasta que no está resuelto su reparto. Por el momento 121 personas se encuentran sin destino