RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


El Marlboro es de derechas

Mi mujer me acusa de seguir más la política americana que la española. En realidad me acusa de muchas otras cosas que no son del todo ciertas, pero ninguna me sirve para escribir un artículo a mediados de julio. Sea como sea, la política americana me interesa porque es el único escenario en el que las cosas pasan por primera vez. En España, como en el casi todo el mundo, los asesores de campaña copian eslóganes (del «Sí se puede» al «Hacer España grande otra vez»), copian estrategias y copian básicamente todo.
La política americana, no la que se hace en el Congreso sino la televisada, hace tiempo que dejó atrás los grandes temas para dedicarse en cuerpo y alma a lo que se viene llamando la guerra cultural. Se adopta una posición basada en temas identitarios (procedencia, raza, clase social, estudios, sexo, forma de vestir, gustos…) y se construye un discurso de confrontación pensado para polarizar al electorado. Para convencerlo de votar en contra, en lugar de votar a favor.
Como en la canción de Giorgio Gaber, las redes sociales y los partidos elaboran a diario catálogos de cosas que son de izquierdas y cosas que son de derechas. «El paquete de Marlboro es de derechas; el tabaco de contrabando, de izquierdas», decía Gaber. Que la guerra identitaria ha arraigado en España creo que es tan evidente que no hace falta ni argumentarlo.
En EEUU han entrado en una nueva fase de la polarización: la que lleva a Trump estos días a atacar con insultos racistas a los rivales más radicales del Partido Demócrata, encabezados por Alexandria Ocasio-Cortez. Lo que busca es obligar a sus rivales a cerrar filas en torno a candidatos procedentes de familias inmigrantes, a quienes nunca van a votar en masa los desempleados blancos que decidirán las próximas presidenciales.