EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


La perdición de Manuel Briñas

El jueves dieron tierra a Manuel Briñas en el cementerio de Carabanchel. Manuel Briñas Barrilero era natural de Ciudad Real, fraile marianista, profesor del Colegio Amorós e impulsor de la cantera juvenil del Atlético de Madrid.  Quien había sido muy popular y querido en vida, fue enterrado entre frailes circunspectos y sin amigos a los que nadie convocó, como si fuese un auto medieval en que, tras un exorcismo, el muerto es enterrado boca abajo y con una piedra encima.
Pero realmente dieron tierra a un cadáver de hacía cuatro meses, cuando su antiguo alumno Miguel Mena le acusó públicamente de haberle sometido a abusos sexuales de sus 11 a 13 años en los vestuarios y campamentos. Manuel había enseñado a leer y a escribir a miles de niños, forjado deportistas Atléticos y ganado numerosos amigos y todos quedamos sorprendidos y apenados de saber que el alma de la cantera atlética y descubridor de Fernando Torres, en una época pasada cometió estos crímenes.
Mena hace esta revelación al cabo de 44 años del suceso, cuando es inútil valorar, sancionar y, si procede, separar de la docencia a un anciano que a sus 88 años ya no la ejerce. Si Mena lo consideraba delito que debía atajarse ¿por qué no lo denunció entonces o poco después? Y si le parecía admisible o irrelevante ¿qué le mueve a hacerlo ahora con quien padece un cáncer terminal y espera la muerte?
 El denunciante se cubre las espaldas mostrando cómo Briñas reconoce su culpabilidad, mediante la mala práctica de llamarle por teléfono para pedirle explicaciones sobre aquellos hechos y con grabadora oculta hacerle confesar su culpa  violando luego la confidencialidad al hacerla pública inmediatamente:
—¿No te acuerdas?
—De cosas buenas y desagradables otras
—Cosas desagradables ¿Por qué? ¿Crees que hiciste algo mal? ¿Crees que a mí me hiciste daño?
—¡Sí!
A las pocas horas, la grabación de Mena llega a la SER y a EL PAIS que dan cuenta de que Manuel Briñas abusó de menores y que él mismo lo ha confesado. ¿Qué rédito político busca o qué venganza tardía satisface el acusador? Es como la patada a la docencia de la Iglesia en el trasero de un desgraciado ya en fuera de juego. Para mí, estos hechos tristemente confirman la maldad del abuso de la infancia que puede llegar con el tiempo a provocar tan graves secuelas psicológicas y morales en las víctimas.
Desde ese momento Briñas desapareció en un fundido en negro, se borraron su imagen, su móvil, sus mensajes… El Atleti lo echó de su staff, los marianistas iniciaron la expulsión de la Orden y lo confinaron por caridad en una residencia bajo incomunicación. De sus amigos y alumnos nunca pudo ya recibir una palabra de consuelo o de perdón, pese a que intentaron repetidamente romper el muro de impiedad levantado por la temerosa cautela del Padre Provincial Miguel Ángel Cortés.
En este drama sólo ha circulado el nombre del profesor acusado y es hora de sacar a la luz a los restantes actores. Y asumo el riesgo de que alguien piense que considerar insensata y cruel esa denuncia suponga una condescendencia con el abuso de menores.
 Cuando ayer le enterraron, Manolo Briñas llevaba ya tres meses muerto, y se fue sin poder dejarnos una última palabra. La que no se niega ni a un terrorista ni a un asesino. Ni a un pederasta.