De turismo con Galdós

Luis J.Gómez
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El escritor canario hizo a algunos de sus personajes ver procesiones en Toledo, cruzar a nado el Tajuña o echarse la siesta en La Mancha para soñar con el Quijote

De turismo con Galdós

Ninguna ciudad puede competir con Madrid para llevar el apellido de ‘galdosiano’. Pero una obra tan prolífica como la de Benito Pérez Galdós da para recorrer buena parte de la historia española del siglo XIX y también de su geografía. Aprovechando que este 2020 se conmemora el centenario de su muerte, se puede dar también un paseo por algunos enclaves de Castilla-La Mancha llevando en la mochila sus novelas en lugar de folletos o guías turísticas.
Muchas de las paradas que los personajes de Pérez Galdós hacen por la región aparecen en sus novelas de los ‘Episodios nacionales’, donde las tramas avanzan paralelamente a la historia de España, desde la batalla de Trafalgar, que sale en la primera novela, hasta la Restauración. Es lo que ocurre, por ejemplo, en ‘Bailén’, donde su protagonista Gabriel de Araceli cruza La Mancha para bajar de Madrid a Andalucía, donde tendrá lugar la famosa batalla de la Guerra de la Independencia.
«La Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su conjunto, su propia desnudez y monotonía, que, si no distraen ni suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde se precipite sin tropiezo alguno», relata su protagonista para rebatir a los que dicen que es «la más fea y la menos pintoresca de todas las tierras conocidas». Y apostilla que en una zona de montaña, fresca y florida «Don Quijote no hubiera podido existir».
"La calle Real estaba cubierta de jinetes franceses y caballos", relata el protagonista de 'Bailén' al llegar a Valdepeñas. - Foto: Rueda VillaverdeGabriel de Araceli baja por Noblejas y Villarrubia de Santiago, sestea junto a la ermita del Santo Niño de La Guardia, cruza Manzanares, una villa donde «reinaba la inquietud» y llega a una Valdepeñas que «ardía por los cuatro costados». El narrador cuenta las ‘armas’ de  los lugareños contra los franceses:«Bajo las arenas que artificiosamente cubrían el pavimento de la vía, el suelo estaba erizado de clavos y picos de hierro, de tal modo que la caballería iba tropezando y cayendo conforme entraba para no levantarse más».
En la novela de ‘Juan Martín el Empecinado’, Galdós sigue los pasos de este guerrillero lo que le hace pasar de las tierras de Aragón a las de Guadalajara, entrando por Sigüenza, donde Gabriel de Araceli recibe las cartas de la condesa de Amaranta y su hija, que se encuentran refugiadas en el castillo de Cifuentes. «Todo fue bien hasta la mañana del domingo y hora en que se les antojó a los artilleros disparar un cañón contra los reyes de armas y figurones de piedra que hay en el torreón del homenaje», escribe la condesa en una misiva, «la torre del homenaje se desmoronó como un bizcocho, y por milagro del cielo el torreón en que Inés y yo nos guarecimos, mantúvose derecho sin duda por respeto a los últimos vástagos de la familia».
En ‘De Cartago a Sagunto’, una novela muy posterior, España se encuentra en pleno enfrentamiento carlista, lo que lleva a su narrador, Tito Liviano, a Cuenca, coincidiendo con la toma de la ciudad. Descansaron en «la mejor fonda de la Carretería, parte llana de la ciudad», donde le pilló el enfrentamiento. «Poco después empezó el tiroteo en los términos cercanos. Dijéronme que los sitiadores atacaban la Puerta del Castillo, y que ya eran dueños de un barrio del mismo nombre, situado extramuros de la ciudad», relata.
Ángel Guerra cruzó el Tajo por la barca pasaje: Ángel Guerra cruzó el Tajo por la barca pasaje: "La corriente cenagosa y arremolinada, la barca misma, hermana de la de Aqueronte" - Foto: Víctor Ballesterosmanchegos por madrid. Otra de las novelas de los ‘Episodios nacionales’ es la de ‘Bodas reales’, que lleva ese nombre por el matrimonio de Isabel II. La historia transcurre en Madrid, pero los protagonistas son una familia de manchegos: los Carrasco. Por eso se habla de los cebollinos de Torralba, los bizcochos de Almagro y se encomiendan a la Virgen de Calatrava. Es una buena radiografía de los manchegos por Madrid que había por la época, siguiendo los pasos de doña Leandra. «Casi con lágrimas en los ojos entraba la señora en el mesón de la Acemilería, calle de Toledo, donde paraban los mozos de Consuegra, Daimiel, Herencia, Horcajo y Calatrava, o en el del Dragón (Cava Baja), donde rendían viaje los de Almagro, Valdepeñas, Argamasilla y Corral de Almaguer», señala. Hasta la servidumbre del Palacio Real estaba llena de manchegos. «Bien decía ella que había Mancha en todo el mundo, y que Madrid era lo más manchego de las Españas».
Personajes manchegos hay en otras novelas de Galdós, como el tío de Tomelloso que acoge a ‘La desheredada’ o el protagonista de ‘Nazarín’, que «es un árabe manchego, natural del mismísimo Miguelturra, y se llama don Nazario Zaharín o Zajarin».
Pero si hay una ciudad de la región galdosiana, esta es Toledo, donde el autor pasó varias estancias y dejó una colección de anécdotas casi tan prolífica como su obra. Una de sus novelas, ‘Ángel Guerra’ permite recorrer el Toledo de los callejones laberínticos y el de los cigarrales, donde el «arroyo se desliza entre peñascos con tan poca agua que apenas se le siente» y «las pitas de un verde cerúleo, con sus pinchos como navajas, parecen defender la heredad como la defendería un perro de presa».