TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


De Jong

Será cuestión de tiempo y personalidad, no de fútbol: De Jong terminará adueñándose del mediocampo del Camp Nou como hizo con el del Ajax y hace con el de Holanda. Con los primeros alcanzó un rendimiento sublime, llevándolos el pasado curso a la semifinal de Champions que nunca debieron perder después de exhibir un poderío descomunal (equilibraba y desequilibraba él solo desde el cinco) ante Real Madrid y Juventus. Con la Oranje acaba de destrozar a Alemania en su propio feudo: un 2-4 asombroso, con un equipo en el que apenas caben viejas glorias (Babel sigue dando coletazos) y sí las figuras de la próxima década. De Jong cortó una veintena de balones, proyectó a Holanda en ataque e incluso le dio para llegar y marcar un golazo: vio hueco y lo aprovechó.

«Quiero a ése», dijeron al alimón Bartomeu y Valverde. «Ya lo tenemos», se contestaron mutuamente. ¿Qué hacía Ten Hag en Amsterdam? ¿Qué hace ahora Koeman? Darle todos los galones. Así de simple. Nada de compartirlos: él dirige, propone y los demás (Wijnaldum o Malen de naranja, lo que fueron Schöne o Van de Beek en el Ajax) flanquean con éxito al director.

Sucede que De Jong ha ido fabricando estilos y equipos, pero acaba de llegar a un lugar donde el plan es casi innegociable y en su habitual espacio de trabajo habitan dos de los mejores especialistas del planeta, Busquets y Rakitic. Así que él, que parece un chico listo a tenor de lo que se ve sobre el césped, se guarda el descaro para el juego y respeta los galones: es el recién llegado, no va a pedir ni a imponer. Tiene que ser Valverde en este caso, y no otro, quien tome la gran decisión: apuntalar el relevo desde ya mismo y convertir a los demás en gregarios de lujo… o quedarse con una versión menor del niño prodigio de los 75 millones.