ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Cuerda

Aunque no sea toledano hoy toca escribir sobre José Luis Cuerda. Bien merece homenaje un personaje tan netamente hispánico como él. Pero ¿qué decir para no repetir los lugares comunes que se encargan otros de reproducir? Se me ocurre compararlo con John Ford, salvando distancias y temas. En una visita a Monument Valley, el guía navajo que acompañaba a los visitantes comentó que la supervivencia de su pueblo se la debían, en buena parte, al director de cine. Ford enseñó al mundo aquel imponente escenario que ahora los indios navajos muestran a los turistas, que no cesan de llegar.
José Luis Cuerda – enunciemos, ahora sí, un tópico – puso en el mapa a la Sierra del Segura en «Amanece, que no es poco». Cuando nadie sabía que pudieran, si quiera existir, Ayna, Liétor o Molinicos, él se encargó de recrearlos. Y lentamente fue conociéndose ese lugar único y ese paisanaje, también único, dotado de la sabiduría entre absurda y racional que solo aporta la vida real en lugares casi imaginarios. Él, como John Ford, descubrió un territorio en el que plasmar su visión desatada de la vida. ¿En qué otro lugar podría resultar «normalizado» elegir democráticamente en «asamblea de mujeres» a la puta del año (por cierto, que ruega ser usada con algo de cariño), a las adulteras del año, a la monja del pueblo o se pide en la plaza, «a grito pelao», compartir el «pibón» que acompaña al alcalde? Se atrevió no solo a poner a cantar a la ‘mezzo’ Elisa Belmonte, sino a que el gobernador de Albacete, y más tarde Delegado del Gobierno en la Región, Daniel Romero, se soltara una coplilla o un miembro de Izquierda Unida, exconcejal de Albacete, José María López Ariza, interpretara a uno de los guardias civiles. ¿Donde se podría describir más tiernamente el fracaso reincidente de un escritor del «boom» latinoamericano en un lugar en el que nadie conoce a Nabokov para copiarlo?
Cervantes creó un personaje imposible en un lugar distinto a la Mancha. Su locura parece cuerda en un espacio tan irreal. Lo copió José Luis Cuerda. ¿Su humor subversivo no hubiera sido tan disolvente en otro lugar que no fueran los pueblos de Liétor, Molinicos y Ayna? Como Cervantes o Ford encontró un territorio para su universo disparatado. Donde cualquier cosa, por abstrusa que pareciera, podía ser percibida como posible. El sol, ya sin José Luis Cuerda, saldrá y se pondrá por los horizontes definitivamente trastocados de la Sierra del Segura.



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