TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Mi apuesta (perdida): Sánchez no se verá con Torra

Apostar contra el sentido común, contra lo razonable, incrementa tus ganancias, pero suele, por eso mismo, hacer más probable que pierdas. Aposté hace unos días por lo razonable, pero lo más probable es que ocurra precisamente lo contrario a lo que serían los dictados de la razón: o sea, lo más probable ahora será que Pedro Sánchez se entreviste, el próximo día 6 de febrero, con el quién sabe si ya president de la Generalitat, el quién sabe si molt honorable Quim Torra. Un cadáver político, del que Sánchez solo espera conseguir ganar tiempo, hacer aprobar sus Presupuestos y aguantar un añito más, dos, en Moncloa. Un plan, ya se ve, brillante.

Opiné que el encuentro de Sánchez con Torra era conveniente para ese diálogo de conllevanza que nos haga a todos prolongar unos meses, unos años, esa convivencia cada día más difícil entre la Cataluña secesionista y el resto de España. Sánchez cree, dicen los viajeros a La Moncloa, que logrará, cual Suárez con Tarradellas, emular aquella gesta del artífice de la primera Transición con el hombre que volvió del exilio y pacificar tan espinosa cuestión. Pero claro, el Torra que ha anunciado que su Legislatura, por cierto catastrófica, ha concluido y que convocará, allá por la primavera, elecciones anticipadas, no es precisamente aquel hombre de Estado llamado Josep Tarradellas. Y no quiero precipitar mi desgracia intentando hacer comparaciones entre el señor de Cebreros y otros que, remotamente, le sucedieron en La Moncloa.

Ahora ya no opino lo mismo: encontrarse con un personaje como Torra solo puede darle alas a su fanatismo secesionista y, temo, algo xenófobo. No hay diálogo posible con quien quiere inmolarse en aras a su ensoñación imposible. No sé qué diablos quiere conseguir quien se ocupa de que Sánchez cope titulares de periódicos, pero sospecho que esos titulares, que sin duda los habrá, no serán demasiado buenos. Ni incluso aunque Torra finja que se acerca el Gran Acuerdo con el Gobierno central. Un acuerdo que, desde luego, no está en manos del posible molt honorable.

Así que Sánchez sigue jugando al surrealismo, al ilusionismo, al no sé cuántos otros ismos. Y juega con la unidad del país, con la esencia del Estado. No, no va a conseguir cesiones importantes de unos pretendidos socios que, en cuanto pueden, dicen que volverán a intentar aquello por lo que el Estado les envió a prisión. Y eso, claro, Sánchez lo sabe. Por eso mismo opino que acabará por no encontrarse con el pirómano Torra. Me parece lo más conveniente para él, Sánchez, digo, y lo más inconveniente para los demás, porque también para Torra sería conveniente. Y ¿sabe usted lo peor? Lo peor es que creo que perderé esta apuesta. Que esto se ha convertido en una gigantesca casa de juegos, esos que el ministro de Consumo, juegos de azar y casas de apuestas -así se llama la cartera, oiga-, el señor Garzón, tiene que controlar. Todo queda en el Gobierno, en suma.



Las más vistas