EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


La medida de la felicidad

26/12/2019

Se me ocurre escribir sobre la felicidad a raíz de la conferencia “Así medimos la felicidad del mundo”, que nos ofrece esta misma tarde Alejandro Cencerrado, analista jefe del ‘Happines Research Institute de Dinamarca’, en la Librería Popular de Albacete.

Parece ser que Alejandro se conectará por videoconferencia con Meik Wiking, autor de ‘Hygge’, uno de los libros más vendidos durante este año en el mundo. Basta dar un repaso a lo que dice el propio Wiking cuando alude al Hygge como “el ‘feelgood’, el arte de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, una práctica muy sencilla de seguir, consistente en preferir lo rústico a lo nuevo, lo sencillo a lo elegante y la atmósfera a la emoción, la manera de vivir despacio y de forma sencilla”.

El caso es que personalmente, desde siempre, yo mismo venía refiriéndome a la felicidad como “una tregua de pequeños placeres”, y resulta que eso mismo viene a definirse ahora con un palabro danés de imposible pronunciación en estas latitudes. ‘Hygee’, según algunos de sus lectores “es una guía que te muestra todas las puertas que puedes atravesar para entrar en una atmósfera feliz. Son gestos cotidianos, como apagar las luces, el ordenador y el móvil, encender velas y tomarte una copa de vino con tu pareja. Encuentros sencillos, como quedar con los amigos para comer, decoración agradable, rincones con encanto en los que refugiarse, ropa que nos hace sentir a gusto, caminar descalzo, pasear por el bosque o por la playa, un olor, un sabor, un paisaje…”.

¿Se puede medir la felicidad? Las Naciones Unidas, Bután o el ‘Happines Research Institute de Dinamarca’ la miden. De acuerdo con el índice global de felicidad, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Suiza completan los cinco primeros puestos de la tabla mundial de felicidad. El informe anual de la ONU contempla datos como el PIB, la esperanza de vida y la salud, la sensación de libertad para elegir el rumbo de tu vida, la ausencia de corrupción, la generosidad, las relaciones humanas y el apoyo social. En Bután, ese pequeño reino enclavado en el Himalaya, disponen del Índice de Felicidad Nacional Bruta (IFNB) para medir la “experiencia subjetiva de bienestar”.

Y dicho todo esto, al margen de nuestro grado de satisfacción con la vida, con nuestras expectativas, con nuestros logros y autoestima, como medidores básicos de los niveles personales de felicidad, comprobando cómo se ajusta la filosofía del ‘Hygge’, la tregua de los pequeños placeres y la general procrastinación, a los modos, usos y costumbres de los españoles, mucho se tendrá que esforzar Alejandro Cencerrado para convencernos de que el índice de felicidad en esos países sin sol, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia o Suiza, supera realmente al de España. A pesar incluso del PIB, la corrupción, el paro y el Gobierno que tenemos.