Tiempo de despedidas en el Congreso

Ana P. Latorre (EFE)
-
Tiempo de despedidas en el Congreso - Foto: POOL

Muchos diputados se preparan para decir adiós al escaño, ya sea por voluntad o por decisión de sus jefes, que quieren renovar listas

Cierre de etapa. Punto y aparte. Los parlamentarios asisten a los últimos coletazos de la legislatura con las emociones a flor de piel porque estos días conviven los que intentan no llorar con los que no pueden evitarlo, y los que reciben aplausos y reconocimientos con los que prefieren el silencio. Por estar, están incluso los que suspiran aliviados porque por fin dicen adiós.
A Celia Villalobos, toda una vida en política, desde la Alcaldía de Málaga a la Vicepresidencia del Congreso, no se le vio muy afectada cuando anunció a la prensa hace unos días que se acabó, que ha tenido bastante. En una conversación informal, afirmó luego que lo que le esperaba más allá de la política es «la vida» y la diversión. Villalobos se acerca a los 70 años y, sea por agotamiento o porque se las ve venir, ha decidido no pelear más por un puesto en las listas del presidente del PP, Pablo Casado.
El líder conservador afronta sus primeras generales y hay quienes dentro de su círculo le piden una revolución de nombres; otros prefieren cambios más comedidos. Los interrogantes son numerosos, tantos como nombres que pueden caer. ¿Qué pasará con veteranos como José Manuel García-Margallo o Arturo García Tizón? ¿Qué hará con los supervivientes del sorayismo, como por ejemplo con José Luis Ayllón o Rubén Moreno? ¿Y con los exministros Íñigo Méndez de Vigo, Cristóbal Montoro o Fátima Báñez?
Estos días están llenos de dimes y diretes en busca de confirmación y no es de extrañar que el ambiente esté tenso. El pasado 20 de febrero, Montoro pronunció unas palabras de despedida de la Comisión de Economía y tuvo que aclarar luego que se refería a los trabajos de la Comisión, no a él.
En el PSOE, más que intuiciones, manejan cálculos. Varios estiman que la renovación de las listas alcanzará a un 60 por ciento de los 84 escaños que tienen hoy, lo que afectaría a entre 40 y 50 diputados.
Tres ya han dicho adiós, dos de ellos tras una serie de desencuentros y mosqueos: José María Barreda, un expresidente de Castilla-La Mancha que no ocultaba sus discrepancias con la gestión de Pedro Sánchez, y Soraya Rodríguez, otrora portavoz parlamentaria de Alfredo Pérez Rubalcaba y una de las voces más hostiles contra la dirección. Llegó a reconocer estos días que se ha sentido «depurada». Más discreto fue Gregorio Cámara, quien mediante un tuit avanzó que volverá a su plaza universitaria. 
Es lo mismo que hará una de las figuras claves en la fundación de Podemos: Carolina Bescansa. Desde hace unas cuantas semanas, desempeña su trabajo como diputada muy lejos de la atención mediática que atrajo hace tan solo tres años y medio, prueba de que queda poco para su regreso a la Complutense. A Bescansa le acompañarán bastantes, ya que en la formación morada, que en noviembre eligió a sus candidatos al Congreso y el Senado, se han confeccionado unas listas en las que repiten una veintena de sus 46 diputados.
El resto de escaños hasta los 67 de Unidos Podemos lo forman las confluencias. De momento, se sabe que En Marea concurrirá sola y la portavoz de En Comù Podem, Lucía Martín, volverá a Barcelona para presentarse a las municipales dentro del partido de Ada Colau, y que en IU el valenciano Ricardo Sixto se apartará de la rutina parlamentaria.
a regiones. Otro que se ha despedido ya es Toni Cantó, a quien le aguarda la política valenciana y quién sabe si la Generalitat en nombre de Ciudadanos. Su adiós fue enérgico, un «¡Viva España!» ni más ni menos.
En fin, que en las despedidas afloran las emociones, y si no que se lo cuenten a Eduardo Maura, a punto de sus 38, de Unidos Podemos. Defendía hace unos días en el Hemiciclo la posición de su grupo sobre la nueva Ley de Propiedad Intelectual y al final, entre esfuerzos por no perder la compostura, enumeró sus agradecimientos a los portavoces de los demás grupos, al exministro Méndez de Vigo, al actual de Cultura José Guirao y hasta el letrado Ignacio Astarloa, excargo del PP.
El aplauso fue unánime y Maura regresó a su escaño con sus compañeros de bancada en pie.
La presidenta del Congreso, Ana Pastor, curtida en su puesto y posiblemente con el récord de reproches a los diputados por su conducta durante estos últimos años, no pudo evitarlo y comentó: «Se agradece este espíritu».