TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El rival pequeño

España le metió dos al hijo de Bonello, el que se comió 12 en Sevilla, Italia marcó seis goles por primera vez desde 1993 y aquí seguimos, pensando que el fútbol no ha cambiado. Y sí. Y mucho.

Todo desequilibrio extremo empezaba y ha terminado en la condición física de los adversarios. En la época del 12-1, el lateral izquierdo era bombero, el organizador policía y el delantero, tal vez su jugador más destacado, era pluriempleado y compaginaba su labor de atacante de un club de Segunda División B en Italia con su trabajo de profesor de Educación Física en un colegio de barrio. Y mientras el cuerpo funcionase, eran capaces de aguantar muchos carros y bastantes carretas: si lo recuerdan o tiran de hemeroteca, aquel día se llegó al descanso con 3-1... Pero después, la enorme diferencia entre el profesional y el amateur explotaba las debilidades físicas del segundo en duelos de enorme intensidad. España metió 12 como pudo haber metido16 porque los malteses estaban con la lengua fuera.

En la noche del martes, la Roja se limitó a cumplir el expediente. Un paupérrimo 0-2 que arroja dos conclusiones irrefutables: que lo único verdaderamente importante en una jornada así es ganar y no lesionarse, y que si no le metes la suficiente intensidad a un partido (por mucho que presentes a la salida una tarjeta con un 84 por ciento de posesión), te aguanta físicamente cualquiera, más en estos tiempos, del minuto uno al 90.

Y es que de entre todos los tópicos asociados al fútbol, aquel de «no hay rival pequeño» es el más tontorrón y el que más matices admite. Desde luego, no lo hay si no ejecutas tu papel de favorito como debes ejecutarlo. Pero aún menos en estos tiempos donde la preparación de cualquier futbolista le permite salir airoso de esos partidos (tiqui-taca de todo a 100) en los que se juega andando.