Vencer al cáncer desde la alimentación

M. Sierra
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La oncóloga Paula Jiménez defiende el papel de la dieta mediterránea para prevenir algunos tipos de cáncer y repasa sus beneficios saludables, basándose en la evidencia científica

Vencer al cáncer desde la alimentación - Foto: Rueda Villaverde

No existen las dietas milagro, pero sí hábitos saludables, como la alimentación, que pueden ayudar a prevenir la enfermedad. Ésta fue la premisa de la que partió la oncóloga Paula Jiménez para defender las bondades de la dieta mediterránea, con el aceite de oliva como uno de los ingredientes estrella, y de paso, dar algunos consejos para hacer más llevadera la alimentación durante el tratamiento. Lo hizo en el marco del I Congreso Regional de Castilla-La Mancha de personas con cáncer y familiares que se clausuró ayer en Ciudad Real. 
Cuando se habla del papel que tiene la alimentación en la lucha contra el cáncer, no hay que pensar en milagros, ni en hábitos extremos, como explicó Jiménez. «No se trata de comerse medio limón cada mañana o utilizar una especia llegada de Asia». Es algo «mucho más sencillo», dijo, «basta con seguir la dieta mediterránea» que suma más de 2.000 años de vida. Y todo ello con dos fines cuando se habla de cáncer. Por un lado, la prevención. Ypor otro, para hacer más llevadero el día a día del paciente cuando está en pleno tratamiento. 
«Sólo el 5% de los cánceres que se diagnostican tienen un componente genético», mientras que «un 40% es consecuencia de las denominadas causas ambientales». Esas fueron algunas de las cifras que presentó Jiménez en la ponencia Alimentación durante y después del cáncer, que dejó pequeño el aforo del paraninfo Luis Arroyo. Dentro de esas causas ambientales cabe, explicó, el alcohol, el tabaco, el sedentarismo y la sobreexposición al sol, factores a los que habría que sumar la obesidad, un problema cada vez más frecuente en España, y la mala alimentación «que está detrás del cáncer de esófago, mama, hígado, páncreas o tiroides», entre otros, lo que confirma el papel protagonista de la despensa en la lucha contra el cáncer, aunque partiendo de la idea clave de que «no existe una dieta antitumoral», como remarcó Jiménez. Pero sí hay una serie de alimentos beneficiosos para luchar contra esta patología «y que vienen avalados por estudios científicos». Todos ellos, en la dieta mediterránea, de la que la oncóloga destacó especialmente el poder del aceite de oliva, que tendría que consumirse entre tres y cinco cucharadas al día, mejor si es crudo. 
Lo que hace de la dieta mediterránea la mejor opción son también sus verduras, «de las que debemos tomar dos raciones al día»; la fruta, -tres piezas-; y que haya espacio para el pescado azul -dos veces a la semana- «mejor al horno y sustituyendo el aceite por unas gotitas de limón»; y para la carne roja, «siempre y cuando se consuma una vez a la semana». 
Junto con el aceite, y establecida la base de lo que debería ser la dieta mediterránea, Jiménez puso el acento sobre otros alimentos clave como coles, algunos de cuyos compuestos se encuentran entre los antioxidantes más potentes. Los ajos y cebollas «deberían consumirse a diario», el tomate -«rico en licopeno»-, los cítricos y su vitamina C, que deberían consumirse a primera hora de la mañana; el yogur natural y el pan por sus bondades con la flora intestinal y la microbiótica. Se quedan fuera de esta lista «las bebidas azucaradas, la bollería industrial o las chucherías, que contienen muchos azúcares vacíos, que no tienen sentido en el organismo».

durante el tratamiento. Si la alimentación es clave a la hora de prevenir el cáncer lo es más para paliar los efectos de su tratamiento. Por eso Jiménez cerró la ponencia dando algunos consejos sobre cómo ayudar a los pacientes a alimentarse. El primer problema es afrontar la falta de apetito, «para lo que hay que optar por hacer más comidas al día pero más pequeñas». Otra opción es ofrecer al paciente una rodaja de piña «que abre el apetito y mejora la salivación». En cualquier caso, es básico, dijo la doctora, garantizar la hidratación. Algo especialmente difícil, ya que el agua aumenta las náuseas. La solución, «optar por caldos, batidos, infusiones, gelatina y unas gotas de jengibre».