VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


La decisión

Un día electoral no es un día más. La responsabilidad del voto exige que nos detengamos a madurar de qué forma ejerceremos nuestro derecho, que es también nuestro deber como ciudadanos. Siempre he desayunado en días como hoy con una porción de orgullo que no deja de ser emocionante, sobre todo conociendo que mis padres estuvieron décadas, las de su juventud y madurez, sin poder ejercer este mismo derecho democrático que hoy todos tenemos. Y poco más he sentido porque normalmente son días de mucho trabajo en mi oficio, y no cabe demasiada pausa para pensar en lo que uno hará sino desvelos profesionales pensando en qué harán los demás. 
Hoy nos cabe una tranquilidad: la de recordar que los españoles siempre en democracia han demostrado una gran inteligencia y moderación a la hora de tomar decisiones tan transcendentales como la de este 28 de abril. Ha habido momentos tan delicados para la elección de sus votos como la reforma política, las primeras elecciones libres, o el referéndum de la Constitución Española. O aquellas elecciones generales en las que había que corregir el rumbo, y el voto mayoritario así lo garantizó. No es el actual un momento cualquiera de nuestra historia reciente, por el desafío a la unidad del país que tenemos sobre la mesa y por la inquietante marcha de la recuperación económica, que está encendiendo señales de alarma que en experiencias anteriores fueron desoídas y hasta negadas, como empieza a ocurrir también ahora.
En las elecciones de hoy los españoles vamos a decidir entre dos bloques políticos que tienen ambos certezas y ambigüedades. Sabemos casi con seguridad quienes liderarían cada bloque y con qué otro socio, pero los apoyos secundarios son aún incógnitas por desvelar. Seguramente no se desvelen antes de un mes, hasta que tengamos que volver a las urnas para elegir alcaldes, presidentes autonómicos y eurodiputados. 
Difícilmente ningún partido va a dar a conocer sus estrategias de pacto para el Congreso teniendo por delante otras elecciones en las que se juega tanto políticamente. Pasarán por tanto semanas antes de que el juego de los acuerdos se ponga en marcha a ojos de la opinión pública, ya que por detrás habrá componendas no confesables. No se fíen de los idus de mayo, que esta vez vienen agitados por una campaña muy crispada y por enemistades que parecen definitivas, y a la mínima se convertirán en amistades eternas. Ahí está el caso de Ángel Garrido para probarlo. 


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