La victoria de la ilusión

Raúl Casado (EFE)
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Son muchos los médicos que, en primera línea de batalla frente a la pandemia, superan el miedo y trabajan a destajo, doblando turnos y acusando física y psicológicamente un esfuerzo que dura ya más de un mes

Los facultativos reconocen que, hasta que llegaron los equipos de protección individual, usaron lo que pudieron. - Foto: FABIO FRUSTACI

«Para ser médico hay que intentar ser buena persona antes, porque siempre se imponen la ilusión y las ganas de ayudar. Ellas vencen siempre, el miedo no podrá con ninguno de nosotros». La reflexión es de la médico residente Nerea Sánchez, una joven de 27 años destinada en el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid), donde todo el personal trabaja muy por encima de sus posibilidades, doblando jornadas y acusando -confiesa- física y psicológicamente el esfuerzo que están haciendo desde hace días
Nació en Bilbao pero ha vivido casi siempre en Madrid; acabó la carrera de Medicina en 2017 y un año después comenzó la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria como médico residente en este Hospital.
Nerea asegura que todos los que estudian una carrera para ayudar a los demás «soñamos en alguna ocasión con ser salvadores; con ser los elementos imprescindibles en una sociedad o con el hecho de que nos valoren como personas y como profesionales». Pero, por supuesto, nunca imaginó la magnitud de una crisis sanitaria de estas características en su propio país.
Doblando ahora turnos y haciendo muchas más guardias para cubrir a los compañeros que están de baja, esta profesional apunta que son los únicos que después de trabajar 24 horas seguidas, «solo tenemos otras 24 para descansar».
Hasta que llegaron los equipos de protección individual homologados, el personal del hospital usó lo que pudo. «No estamos bien protegidos», sentencia Nerea, y recuerda que durante las guardias de 24 horas tuvo que reutilizar los mismos equipos en varias ocasiones, tras las comidas o los descansos.
Todos conocemos a alguien infectado por el virus; muchos de mis compañeros están de baja o se han incorporado después de pasarlo», observa, e incide en que «todos» han pasado en algún momento por una fase de miedo. Un temor «por falta de control; por estar ante una enfermedad poco o nada conocida y que en cada persona y en cada circunstancia se comporta de manera muy diferente; es complicado protocolizarla y estandarizarla».
Frente a ello, el personal sanitario es ahora una piña, según Nerea, y han conseguido establecer un protocolo para cubrir las necesidades cuando algún compañero enferma; «nos cubrimos, con mucho cansancio, pero nos cubrimos. Aunque, habrá que ver cuánto aguantamos así».
Siente también que su formación ha sido, que es, acorde a las necesidades del sistema sanitario y que está creciendo como profesional en el Hospital, un lugar ahora saturado en el que todos trabajan «muy por encima de sus posibilidades y en el que no se pueden atender -explica- adecuadamente los protocolos de urgencias, porque algunos pacientes son dados de alta cuando deberían permanecer ingresados y otros permanecen en una silla o en un sillón durante días a la espera de una cama.
Mucha gratitud. Nerea celebra y agradece la oleada de solidaridad hacia el personal sanitario que se ha desatado durante la crisis; «es bueno para la persona que lo ofrece y para las personas que lo reciben con cariño».
Y espera también que ese agradecimiento se prolongue después de la crisis «porque la sanidad española está en decadencia desde hace tiempo», y confía en que cada persona que aplaude cada noche acuda después con una actitud distinta a su médico de familia, o que renuncie a acudir a urgencias por razones que no lo justifican.
«La gente debería empatizar con nosotros también cuando esto acabe, y entre todos, con la ayuda del Gobierno, mejorar y cuidar nuestro sistema sanitario», manifestó este residente, mientas recuerda una cita anónima que se está popularizando estos días: «romantizar la explotación laboral del personal sanitario en nombre de la vocación es parte del problema».
A pesar de la magnitud de la crisis sanitaria, Nerea siente que su formación se ha interrumpido y que los médicos residentes están dejando de adquirir la experiencia que necesitan en otras patologías propias de sus especialidades para atender las actuales necesidades.
«Solo esperamos que cuando todo esto acabe, todos los españoles luchemos por una mejor calidad sanitaria, lo que implica mejores condiciones para los profesionales que la integran se traducirá en una mejor sanidad para todos», reflexiona Nerea.