COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Recentralización

El presidente del PP, Pablo Casado, ha expuesto con claridad una de las líneas maestras de su programa electoral en un desayuno informativo: una recentralización que afecta a lenguas cooficiales, policías autonómicas, y de competencias autonómicas que sean susceptibles de ser recuperadas. Ni tan siquiera disimuló con una reforma constitucional en esa dirección, como se ha apuntado en otras ocasiones desde distintos ámbitos, en la que se establezca con claridad las competencias privativas que corresponden a cada Administración.

La contradicción de Pablo Casado es una especie de despotismo ilustrado con el modelo autonómico del que reconoce que ha sido un éxito pero al que quiere limitar las competencias. Todo para las autonomías pero con sus competencias cercenadas, nada de nuevas transferencias y fortalecimiento de su concepto de la Nación por encima de todas las cosas.

Bajo el pretexto de reforzar la Nación frente a la deslealtad de los independentistas catalanes, pretender una reevaluación de como se están prestando las competencias, que el castellano sea lengua vehicular en la educación y en la Administración y no un requisito sino un mérito, además de que Polícía y Guardia Civil tengan prevalencia sobre las policías autonómicas, la Ertzaintza y los Mossos d'Esquadra. Con propuestas como esas no es extraño que el PP se encuentre entre los últimos de la fila en comunidades autónomas como Cataluña o País Vasco. Y la primera suele ser fundamental a la hora de sumar escaños que permitan ganar las elecciones dado su nivel de población.

Muchas de estas iniciativas propuestas por Casado pueden rozar la inconstitucionalidad dado que están amparadas por los propios Estatutos de Autonomía aprobados por el Congreso y en su caso matizados por el Tribunal Constitucional. Y sobre todo supone la exacerbación de problemas como el de las lenguas cooficiales y la educación que deben ser resueltos por otros medios, o con la aplicación más diligente de los ya existentes. Aunque no le falta razón cuando pone el acento en que se produce un déficit de lealtad por parte de las comunidades autónomas donde los partidos soberanistas tiene más peso, que está en el fondo de todas las diatribas.

La tendencia de las encuestas señalan que las tres derechas que se retan mirándose a los ojos están aún lejos de la mayoría absoluta par aplicar ese programa expuesto por Casado que sin lugar a dudas suscribe Vox y en algunos aspectos Ciudadanos. El líder del PP se les ha adelantado a la hora de marcar el debate sobre el discurso territorial y en el que si quieren estar a la altura no les quedará más remedio que subir la apuesta.

Las propuestas de Pablo Casado, sin embargo, predicen que no habrá ninguna posibilidad de acuerdo acerca de una reforma constitucional en el sentido federal -que el presidente popular niega a la Carta Magna-, a pesar de que en algún momento de la legislatura que concluye se consideró que podía ser una de las medidas que podría revitalizar la democracia y tratar de resolver alguno de los problemas inconclusos desde hace cuarenta años. Rajoy transigió con la comisión de estudio sobre el modelo territorial a cambio del apoyo socialista al 155 pero esa es ya una vía cegada. Casado solo apuesta por la recentralización y así es imposible alcanzar un consenso similar al de 1978.