EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


La novela histórica, aquí

El pasado jueves en la ciudad de Guadalajara se abrieron las jornadas sobre la novela histórica, con el título de ‘Guadalajara en la novela y en la historia’ que se van a desarrollar hasta hoy domingo, con ponencias, mesas redondas y coloquios a cargo de especialistas en el tema, entre los que me encuentro sin mayor mérito que haber escrito hace ya 20 años una novela muy gorda sobre la Edad Media en la Alcarria, que quizás alguien recuerde.
 Esto de la novela histórica es un género entre la realidad y la ficción, que participa de ambas y tiene un indudable tirón popular. Este subgénero literario se configuró en el romanticismo del XIX y ha dado figuras destacadas desde Walter Scott a los best-sellers de Ken Follet, pasando por los primeros autores europeos del XIX como Tolstoi, Dickens y Flaubert y los destacados del XX como Robert Graves, Mika Waltari, Noah Gordon y Umberto Eco.
 En España hubo ilustres representantes como Pérez-Galdós, Larra, Gil y Carrasco y Pío Baroja, cuyo oficio han continuado en la actualidad figuras como Juan Eslava Galán, Arturo Pérez Reverte y Antonio Pérez Henares.
 Cuando los personajes históricos cobran fuerza por la obra del escritor que los recrea, su nombre llega a prevalecer sobre el del propio autor, con lo que Ivanhoe o Sinuhé son más recordados que sus creadores. Por ejemplo, pocos asocian al famoso héroe Ben-Hur con su creador Lewis Wallace. Y, si me apuran, el ganador en popularidad fue Charlton Heston a causa de la versión cinematográfica.
 Por otra parte, el género literario histórico está relacionado con los nacionalismos, como es evidente en las novelas de Scott que están asociadas al patriotismo escocés, como sucede en ‘Rob Roy’ o ‘Waverley’.
 Nuestro compatriota Pérez Henares ha hecho de esta tierra el escenario de sus novelas, alcanzando tiempos tan remotos como la prehistoria con una ya famosa saga de Nublares que ha desarrollado en media docena de libros, atendiendo también en otros dos libros a los tiempos de la reconquista durante el alto medievo.
 Por supuesto, toda novela histórica requiere un trabajo de documentación, para conocer el mundo real en que se desarrolla. Pérez Henares ha compartido los hallazgos paleontológicos de Juan Luis Arsuaga en Atapuerca y se ha ambientado en el XI y XII de Castilla con el medievalista Plácido Ballesteros.
 Alguien puede pensar que disponer de una base histórica es tener ya el trabajo medio hecho, pero el dato histórico exige luego la creación literaria. Ambas columnas sostienen la obra, que produce un doble beneficio para el lector. Por una parte interesa a los ciudadanos en la literatura y, por otra, les hace conocer la historia de su país, especialmente importante en el caso de España que tan vapuleada y puesta en entredicho es actualmente, tanto por los políticos oportunistas como por nuestros complejos de autohumillación.
 Si la historia nos enseña lo que somos, la novela nos revela lo que nos gustaría ser. Acudan, pues, a estas jornadas, que siempre sacarán provecho. En mi caso, que actuaré el sábado 6 en el teatro Moderno, les garantizo que, al menos, no van a aburrirse.