DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


No te fíes

Me gusta recurrir a uno de los clásicos de mi abuelo: no te fíes de alguien que no bebe vino. No es la primera vez que echo mano del chascarrillo, que, visto lo visto, igual toca matizar. No es ninguna animación al pimple sin conocimiento. El hombre lo decía para manifestar su extrañeza ante los que jamás echaban un chato o se tomaban una caña. Sin más. Cuando paso a alguien por el argumento del abuelo, con alguna contada excepción, se suele cumplir.
Esta semana he ampliado el capítulo de motivos que me llevan a desconfiar. Dejando a un lado el vaso o la botella -aunque vistos los extremos a los que hemos llegado, igual es necesario recurrir a ella en alguna ocasión-, cada vez me fío menos de los que se manifiestan con una cínica equidistancia ante todo lo que está pasando en Cataluña. Bien por desconocimiento de la idiosincrasia del problema, bien por una intención manipuladora, hablan de la profunda tristeza que les ha provocado la sentencia del Supremo. Y, a partir de ahí, añaden una retahíla de topicazos que pasan por señalar que nunca se debería haber llegado hasta aquí, que la política ha fracasado y que la Justicia no va a ser capaz de resolver un problema que se fundamenta en los sentimientos. A los periodistas, políticos y sociólogos que se suman a esta tesis, me gustaría preguntarles: ¿Estarían igual de tristes si hubieran sido absueltos los líderes separatistas que intentaron dar un golpe al sistema?
Es obvio que jamás se tendría que haber llegado a este punto -aquí caigo en la teoría de los equidistantes-. Pero cuando tratas de mantenerte en una fina cuerda, si no eres un gran equilibrista, terminas cayéndote. En este caso, hasta el fondo de la celda. Soy consciente de que todos los condenados van a salir relativamente de prisión. Pero, a pesar de que con ese extremo se abre una clara opción de acercar posturas, Torra y Puigdemont no van a ser capaces de aprovechar la oportunidad. Torra es el lobo encargado de guardar el redil y Puigdemont la zorra que vigila el gallinero. Así no hay forma. Torra está comprando todas las papeletas para entrar en la cárcel. Cuando le llegue el momento, vendrán los lamentos y los lloros de los cínicos, mostrando su pesar porque un político entra en prisión. Tiempo está teniendo para pensárselo.
PD. No me fío tampoco de los que van diciendo por ahí que no les gustan los premios. Algún reconocimiento tengo, pero hay uno que me ha hecho especial ilusión y es el que me entregó la Comandancia de la Guardia Civil de Guadalajara el día de la Virgen del Pilar. Sé que hay agentes poco dados a este tipo de actos, pero no está demás reafirmar la necesidad y la labor que realiza el Instituto Armado, más aún cuando, al menos, hasta en tres comunidades autónomas cuentan con un claro rechazo institucional.
He vivido muchas experiencias junto a los agentes de la Benemérita. Pero hay una escena que jamás se me va a borrar de la cabeza. Era un frío día de diciembre de 2007. Un grupo de periodistas esperábamos en una de las pistas de la base de Getafe. A primera hora de la tarde, un avión de la Fuerza Aérea Española aterrizaba con un ataúd en su interior. Eran los restos del guardia civil Fernando Trapero, que había sido asesinado por ETA en Capbreton junto a su compañero Raúl Centeno, que murió en el acto. Además del desgarro de sus padres, me quedé con un acto de tremenda generosidad, una de las virtudes de la mayor parte de los agentes del cuerpo. La donación de sus órganos, al día siguiente de su muerte,  salvó la vida de dos niños franceses. Hasta el final: ¡Viva honrada la Guardia Civil!