El cerebro del futuro

SPC
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El cerebro del futuro

Los expertos creen que el órgano no sufrirá modificaciones anatómicas en varios siglos, pero sí en su forma de relacionarse con las máquinas

A diferencia de los animales, que en el momento de nacer ya dominan funciones que son específicas de su especie, los humanos tenemos que aprender una amplia variedad de cosas a lo largo de la vida. Nuestro cerebro no está aislado del mundo exterior y, por el contrario, forma parte de un cuerpo que se desarrolla y madura en un contexto específico, interactuando con seres sociales y con objetos inanimados. 
Ese contexto en el que una persona crece da forma a la organización funcional y a la conectividad del cerebro, afectando así a su comportamiento. De hecho, saber cómo ha evolucionado nuestro cerebro nos permite entender la especie humana y, al mismo tiempo, pensar en los posibles cambios que van a tener lugar. 
«De este hecho se desprende que el desarrollo y el funcionamiento del órgano no están determinados únicamente por la carga genética, sino que el ambiente cumple un papel esencial (...) y nuestro presente está marcado por la revolución del desarrollo tecnológico», subraya Facundo Manes, neurocientífico y neurólogo de la Universidad de Buenos Aires, con motivo de la publicación de su libro El cerebro del futuro. 
Así, recuerda también la transformación de este órgano desde que se es un niño hasta la adultez, un proceso «más fascinante» que el de cualquier sofisticado desarrollo tecnológico. En concreto, dice que el cerebro de un recién nacido representa solo un cuarto del tamaño del de un adulto y, en el transcurso de su infancia experimentará un crecimiento intensivo y masivo. 
«Sabemos que, si bien el cerebro humano se transforma a lo largo de toda la vida, son las fases tempranas de maduración, durante el desarrollo fetal y la infancia, las más drásticas y las más importantes», remarca el también consultor del Medical Research Council y de la Universidad de Cambridge. 
Pero el cerebro no evoluciona  únicamente desde la infancia hasta la adultez, según advierte, ya que a lo largo de la Historia también se ha modificado y avanzado. Para evidenciarlo dice que no hay más que ver cómo era el cerebro de los neandertales y cómo es el nuestro actual. 
Con ello, este experto augura que seguirá evolucionando, no desde el punto de vista biológico o fisiológico, sino que lo hará en interacción con las máquinas, dado que, tal y como ya ha comentado, nuestro estilo de vida tiene un profundo impacto. «En términos anatómicos el cerebro no experimentará ningún cambio en varios siglos», sentencia el experto. 
De hecho, destaca que las nuevas tecnologías, tan presentes en nuestro día a día, afectan a nuestro cerebro. «Existe una interfaz entre el cerebro y el ordenador, y quizá la evolución vaya de la mano de nuestra cada vez mayor relación con las máquinas», vaticina Manes, al mismo tiempo que destaca que la Ciencia está desarrollando asombrosos dispositivos como la interfaz cerebro-máquina, que permite a las personas que lo necesiten por ejemplo recuperar la movilidad perdida o comunicarse cuando sufren una enfermedad que se lo impide, y otro ejemplo son las nuevas tecnologías para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades cerebrales.