TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


En medio, Piqué

Ayer jugó España y anteayer Cataluña, y en medio hay un tipo que siempre intentó ser un nexo de unión, un futbolista que para unos es la viva imagen de la contradicción y la hipocresía y no merece vestir de rojo y por eso había que pitarle, para otros es el portavoz del mensaje de ruptura y el ariete que lanzar hacia la caverna o la meseta o como quiera que definan los indepes el pensamiento nacionalista español... y para los de en medio, un jugador de fútbol. Un central espectacular, tal vez entre los cinco mejores del planeta. Un tipo listo que siempre ha jugado con el mensaje que quería dar en cada momento. Un jugador al que se echa de menos en la selección, para qué engañarnos. Un polemista muy inteligente. Un muchacho que nunca ha rehuido el diálogo, que se pone cachondo en medio de la tormenta de pitos y es cuando más a gusto se va al contragolpe buscando su celebración, que viste a su hijo sin tapujos con los colores de la camiseta de España, que cree en la concordia en medio de un conflicto que es irresoluble si seguimos escuchando a los de siempre y nadie mueve un centímetro su hoja de ruta, que manda callar a quienes gritan «puta España» asegurando que es «una falta de respeto intolerable» en perfecto catalán, para que entiendan los tontos de Montilivi...

Gerard Piqué representa una rara estirpe de futbolistas que se divierten jugando sobre el césped y fuera de él, consciente de que su popularidad le permite estar constante e inevitablemente en el foco. Si además está jugando una de sus mejores temporadas, con esa madurez que ha caracterizado a los grandes centrales y el dominio del espacio y la situación que otorga la experiencia, hablamos de un curso casi perfecto para un personaje controvertido y honesto, consecuente y bromista, uno de los tipos que mejor ha convivido con la fama desde que el fútbol es fútbol.