TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Lo que se le ha 'olvidado' a Pedro Sánchez

Asisto a la presentación, a bombo y platillo y con buena parte del Gobierno arropando a Pedro Sánchez, del programa electoral del PSOE. Es un acto cuidado, muy concurrido por los partidarios/entusiastas y en él se distribuye un programa bastante esquemático, con buenas intenciones y solamente algunas concreciones que pocos podrían, más allá de los planteamientos político-fiscales y de las referencias a la legislación sobre memoria histórica, discutir. El que da primero da dos veces: seguro que muchos de los 110 puntos que contiene el programa se les han ocurrido a los responsables de las campañas de los otros partidos, pero el reconozcamos que buen diseño de la planificación socialista (se ve la mano de Iván Redondo, sin duda, para lo bueno y también para algo de lo malo) hace que Pedro Sánchez esté copando el arranque preelectoral, y no solamente con los viernes del decretazo
No encuentro, ni en este programa ni en lo que hasta ahora se nos ha desvelado de los otros, referencias a medidas que pudieran tener que ver con la profundización de la democracia española, que a veces parece ir en retroceso, ni tampoco referencias a reformas constitucionales o de la normativa electoral. Menos aún -¡una sola línea, eso es todo!- menciones a la mejora del poder judicial y cero líneas al mejor funcionamiento del Legislativo. 
Está muy bien ocuparse de la educación, la sanidad, el derecho al trabajo y a la seguridad, sin duda; como bien está hacer hincapié en la igualdad de géneros o en los derechos de los discapacitados; pero tengo para mí que obtendrá una sensible ventaja ante la carrera a las urnas quien consiga sorprender'al electorado con medidas nuevas en el sentido de reconocer al ciudadano y a la Comunidad, a la generalidad de los españoles, sus plenos derechos; considerar al individuo como una persona y al colectivo como merecedor de lo que le es debido a la sociedad civil. En este sentido, al PSOE y a todos los demás, hasta donde conozco, les falta una reflexión filosófico-moral. Interesarse de verdad por los derechos políticos de quienes les votan, más allá de si son pensionistas, jóvenes, hombres o mujeres. 
Pero ya digo: el PSOE se ha anticipado al pistoletazo de salida. Y, para colmo, todos los demás parecen estarle ayudando, con ocurrencias y despistes varios, a ganar. Porque, por poner el ejemplo más reciente ¿a quién se le ocurre, sino a un Albert Rivera que con los nervios está perdiendo muchos de los enteros que se ganó a pulso, ofrecer anticipadamente un Gobierno de coalición a un PP al que las encuestas le auguran un considerable batacazo? ¿Se da cuenta cabal Rivera de que solamente saldremos de esta con un Gobierno de coalición, bien de centro-derecha -no lo abonan los sondeos- o, más probablemente, de centro-izquierda? ¿Se deja el líder de Ciudadanos, que tantos méritos ha contraído, llevar por sus antipatías e inquinas personales contra un Pedro Sánchez al que, de acuerdo, es difícil amar, pero que ahí está y a quien de ninguna manera deberíamos, volviendo a equivocarnos, dar por muerto? 
Yo creo que bien haría Rivera en rectificar sobre sus errores, presentar un programa auténticamente regeneracionista a unos españoles que buscan con ansia nuevos modos, nuevas fórmulas y una modernidad que se nos viene negando desde quienes aspiran a representarnos. Su responsabilidad para con el futuro de España es mucha. Y lo mismo podríamos decirle a Pablo Casado: que ponga en valor sus muchas cualidades y deje de sentirse acomplejado por lo que crece a su izquierda y a su derecha. Estoy deseando, yo que aún creo en los programas electorales --¿qué les exigiríamos, si no?--, conocer el de los 'populares', una vez que ya hemos visto la espectacularidad -o como se diga- de sus fichajes. De momento, ya han visto todos cuáles son los puntos flacos del PSOE, esos que se olvidan en su programa. Sánchez les ha madrugado a todos: pero ha mostrado cuáles son sus carencias, esos huecos que Ivan Redondo, Carmen Calvo, y Cristina Narbona (y Sánchez, claro) han dejado inadvertidamente para que otros los llenen y los superen. O -lo digo por Rivera, que apuesto que acabará pactando con los socialistas- para que los acuerden con quien hoy se presenta como el auriga vencedor. A quien, por otro lado, alguien habrá de recordarle en algún momento que es mortal.