Incertidumbre en el Congreso

SPC - Agencias
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La Cámara recobra su día a día antes de la constitución de las Cortes y, sobre todo, a la espera de las negociaciones que podrían permitir a Pedro Sánchez superar la investidura

Incertidumbre en el Congreso - Foto: POOL

El Congreso va por fin cogiendo ritmo. A escasas horas de que se constituyan las Cortes, los diputados que no han sido reelegidos vacían sus despachos y los que salieron designados en las urnas el pasado 10 de noviembre cumplen con los primeros trámites mientras se suceden los contactos entre los grupos, con el PSOE en el centro de las negociaciones, pues persiste la incertidumbre sobre la investidura de Pedro Sánchez.
De hecho, fue el propio líder socialista uno de los que rompió el letargo en el que estaba sumida la Cámara, cuando dos después de los comicios, firmó en las dependencias del edificio de la Carrera de San Jerónimo su preacuerdo con el secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Los presidente y vicepresidente del posible nuevo «Gobierno progresista» de coalición estuvieron apenas una hora: llegaron por el garaje, subieron al comedor de gala de uno de los edificios del Congreso, saludaron a sus equipos, posaron ante la prensa, firmaron, hablaron a los medios, evitaron cualquier pregunta, se abrazaron, volvieron a saludar a los suyos y se fueron.
Esa aparición fugaz activó una hilera de reuniones en el Congreso de la número dos del PSOE y portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, con el PNV, Más País, ERC, Teruel Existe, PRC (en Oviedo), BNG y ERC. Esto que haya trascendido, pues la discreción es por ahora infranqueable. Y es que los contactos han sido incesantes. Una fuente de uno de los partidos que integrarán el futuro Grupo Mixto cuenta que en los últimos días ha tenido un sinfín de conversaciones con los demás representantes de tan heterogéneo grupo, que en la legislatura que viene compondrán una decena de formaciones.
Como los diputados pueden ya acudir al Congreso a hacer los primeros trámites, aprovechan el viaje y se reúnen con otros parlamentarios, como fue el caso del nuevo representante del BNG, Néstor Rego, quien se vio con Adriana Lastra y unas horas después, con Laura Borrás, de JxCat. Fuentes de un partido independentista confirman que el teléfono no para de sonar y que los contactos los mantienen o en la Cámara o fuera, pero siempre con la investidura de fondo. Qué votar cuando llegue el hipotético momento de apoyar o rechazar a Pedro Sánchez, si es que llega, es el asunto que atrae todas las energías, pero aún queda tiempo. De hecho, para ese trámite, si es que llega a producirse, no hay una fecha fija. Y los socialistas, quienes llevan la voz cantante en las negociaciones, tan pronto aseguran que su líder podría ser presidente antes de Navidades, como rebajan la euforia y evitan hablar de días concretos.
Pero antes de esa posible investidura hay varios trámites que cumplir. La legislatura arrancará el próximo martes con la constitución del Congreso y del Senado. Desde entonces se sucederán estos acontecimientos: el Rey llamará a los partidos con representación en las Cámaras para sondear sus posturas respecto a la formación de Gobierno, propondrá a un candidato para la investidura, la Presidencia del Congreso fijará las fechas del debate y de las votaciones, ese aspirante a La Moncloa iniciará reuniones con otros líderes. Pero no existe un calendario todavía. Las especulaciones tan frecuentes estos días en el Congreso apuntan a la semana del 16 de diciembre.
Parece claro, no obstante, que Pedro Sánchez no se someterá al juicio del Hemiciclo sin tener «atados y bien atados» todos los apoyos que necesita para superar el trámite. Pero aún está lejos de eso. El no en el que parecen estar enrocados los partidos independentistas dificulta las cuentas en un Congreso más fragmentado que nunca, en el que la unión de PSOE y Unidas Podemos se eleva hasta los 155 diputados, lejos de la mayoría absoluta (176), y también de la simple, siempre que los secesionistas no se muevan, al menos, hacia la abstención.


Polémica por la Mesa 

Pero hasta entonces urgen otras tareas, como la composición de las Mesas del Congreso y del Senado, que tampoco se antojan tareas sencillas. Para la primera ya se han movido los partidos, especialmente en la izquierda, empeñados en armar un cordón sanitario con el objetivo de que Vox -la tercera fuerza de la Cámara- se quede fuera de los órganos de gobierno. El PP, sin el que el veto es inviable, ya ha adelantado que no participará de la exclusión de la formación de Santiago Abascal. 
Mientras ambas Mesas van cogiendo cuerpo, los diputados electos el 10-N van a las Cámaras a entregar sus credenciales (certificado de que han sido elegidos en las urnas), rellenar los formularios de bienes y actividades profesionales, hacerse con el teléfono móvil y la tableta electrónica de la Cámara y posar para la foto institucional.
A todos ellos (350) habrá que darles un despacho. A la espera de que la Mesa de la próxima legislatura decida la distribución del espacio de trabajo de los diputados, la Dirección Técnica de Instalaciones está ya a pleno rendimiento porque hay muchos parlamentarios que están vaciando sus estancias. Un acuerdo de la anterior legislatura regula el procedimiento: los diputados que aspiraron a repetir el 10-N y no lo lograron deben borrar sus correos, recoger sus cosas y liberar sus despachos. La mudanza la costea el Congreso. Es un trance doloroso, como se nota, por ejemplo, en las dependencias de Cs.
La maquinaria del Parlamento ya está en marcha y una idea destaca en todos los contactos y conversaciones: la legislatura no solo debe comenzar; debe durar.