TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El dinero y el cariño

Ramos escenificó su particular versión de Fausto, clásico 1.000 veces adaptado a las necesidades de cada época y sociedad. El Fausto de Ramos vive atormentado y pacta con el diablo, pero decide salir por peteneras y bulerías cuando todo parecía roto, retratarse en público, contradecirse dos, cuatro o seis veces y finalmente, cuando el ideal de Goethe exige sacrificios, echar la culpa al mensajero. Otra vez.

El resumen de su comparecencia del jueves, propiciada (empujada a todas luces) por una semana de convulsión que amenazaba con dejarle como un pesetas después de 15 años de incondicional servicio a la causa, es que no quería más dinero, sino «cariño». En estos tiempos, el cariño también se mide en euros y céntimos. Puedes comprar un kilo de Fidelidad a 14,95€, el Amor a los colores a 23,55€ la ración y ese Cariño del que habla Ramos, entre 29,99€ y 34,99€ el minuto según el momento de la temporada. «Besar el escudo» a cambio de tres cómodos plazos de 99,95€ e incluso hacer aspavientos a la grada (ya saben, animarla en plena remontada, agitando los brazos como si quisieras echar a volar) por 75€ más IVA la primera vez y, si funciona, entre 150€ y 175€ las restantes. A toda esta lista de precios, añádanse las pertinentes comisiones a representantes y apoderados, amén de costear un poquito de derechos de imagen por ahí, otro poquito de fundación benéfica a mi nombre por allá y cuotas por fidelidad. Al final de la cuenta, además, podrá ver usted otros extras anejos al cariño, como el apego, la honestidad, antigüedad, portavocía y capitanía, todas ellas igualmente facturables. Si quieres, tiramos sin factura…

Dudar del madridismo de Ramos es como dudar de que un profesional, incluso el más entregado, quiera sacar lo máximo posible aunque equivoque el camino. Aquí y en China. Sobre todo aquí.