TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Kroos

Si el público esperaba un gran efecto, el conejo en una chistera vacía, se ha encontrado finalmente con el típico juego de trile con bolita y tres vasos: Toni Kroos ha renovado hasta los 33 años y no hasta los 32 como indicaba su anterior contrato.

Hace un mes, la afición tenía clarísimos los nombres de al menos tres de sus víctimas favoritas, llámenlos cabezas de turco, chivos expiatorios o cabezas cortadas para justificar una temporada desastrosa: Gareth Bale, Marcelo y Kroos. Del primero ya está todo dicho, incluso que va a ser un quebradero de cabeza grande sacarlo a precio digno y que él quiera salir cobrando lo que cobra. Del segundo, más allá de que Zidane (su amigo) pueda pensar de que es recuperable, el Bernabéu bendijo la irrupción de otro Camachito en forma de Reguilón… y le dejaron a medias. Y sobre el tercero, el recién renovado, que si sus mejores días habían pasado, que si trotaba sin ansia por el campo, que si habiéndolo ganado todo ya no tenía ambición, que había perdido velocidad y toque, que sufre horrores cuando el mediocentro defensivo (Casemiro) no atraviesa un buen momento, que ya ni los córners los pone como solía… ¡Renovado!

No hace falta ser un habitual de los mercados ni un artista de pasillos y ascensores (negociaciones express) para intuir que antes de recibir a los 10, 15 o 20 jugadores que va a fichar el Real Madrid -pura ironía basado en los rumores de cada semana-, hay que liberar fichas y sueldos. Y pensar en quiénes tienen suficiente cartel para hacerlos lucir en el escaparate, usarlos como moneda de cambio, modo de abaratar un pago, etcétera. Y Kroos, aún en modo tractor y a sus 29 años, era uno de esos fijos en la operación salida que por exigencias de Zidane y el guión acaba de ampliar su estancia en el Bernabéu. No es fácil explicarlo, como casi nada en el fútbol actual.