EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


La luz

A todos nos ha pasado ese momento en el que te sorprende la caída del sol leyendo algo o haciendo alguna cosa, sin percatarte de que poco a poco te has quedado sin luz, hasta que te das cuenta de que no ves ni torta, enciendes entonces una lámpara y el contraste luminoso te constata que llevabas un buen rato adaptado a la más absoluta de las penumbras.
 Pues esa misma sensación se tiene ahora al pasear de noche por las calles de la ciudad de Albacete, después del proceso de sustitución del alumbrado público, del que ya se han sustituido 9.700 puntos de luz y se prevé sustituir más de 23.000 puntos. La claridad ahora en las calles es tal, que de repente se toma consciencia de esa mortecina luz ámbar que nos ha alumbrado durante años. Personalmente estoy atento a la próxima fotografía nocturna de la Península Ibérica desde la Estación Espacial Internacional esperando ver cómo en medio de la oscuridad de la llanura resaltará ahora, sin duda, el destello de un luminoso punto blanco de luz en contraste con la oscuridad de la llanura.
La luz no es más que una radiación electromagnética compuesta por fotones que percibimos por los ojos. Pero la luz es también metáfora recurrente y continua en nuestra cultura, que expresa los reflejos y los colores en el juego óptico de los acontecimientos, las cosas y los sentimientos positivos. Dar a luz, brillar con luz propia, sacar a la luz pública, ver la luz al final del túnel o arrojar luz a algo, son expresiones donde la luz y la claridad se alían por el completo dominio sobre las tinieblas. «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».
Y todo este lumínico relato se me ocurre cuando leo tarde en el periódico, ya apenas sin luz, que López Obrador, el presidente de Méjico, ha enviado una carta al Rey Felipe VI instándole a pedir perdón por la conquista de América. De repente, ante tal estupidez, añoro y reclamo, en esta época de tanta oscuridad mental de parvulario, un nuevo ‘Siglo de las Luces’ que pudiera renovarnos en las ideas y el pensamiento, relanzándonos para ser capaces de clarificar e iluminar las mentes de quienes pretenden asumir la solución de los problemas de los demás. La nueva iluminación de mi ciudad sirve así, como metáfora de una nueva ‘Edad de la Razón’ por venir, de optimismo y confianza en nuestras posibilidades para darle una patada en el culo a cualquier cantamañanas de turno.
Todo forma parte de mi autoaprendizaje de algunos trucos para descubrir los detalles que esconde la luz y completarlos con la experiencia, pero siempre atento a los diversos materiales que nos ofrece la realidad más oscura.