RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Volver a la vida

08/05/2020

Se palpa una presión creciente por separar lo sanitario de lo económico en esta crisis. Poco a poco se van formando equipos, igual que hacen los niños en el recreo para jugar al fútbol. La impaciencia se convierte en angustia y la ansiedad quema. En las gestorías de barrio, que son las Urgencias de la epidemia económica, ha estallado ya la desesperación por pagar el alquiler del local, por cumplir con proveedores, por evitar la quiebra. Ante esto, es muy fuerte la tentación de dejar que la vida vuelva a su cauce, de dejarse llevar por el optimismo y salir a pelear por el pan después de dos meses durísimos.
Pero lo cierto es que los dos ciclones, el sanitario y el económico, van de la mano. Y esto es algo que no depende de nosotros, ni de ningún político. Es imposible volver a la normalidad -nueva o vieja- antes de despejar las dudas que el virus proyecta sobre nuestro futuro inmediato. Da igual quién lo decrete, ni cuántas ruedas de prensa se consagren a ello. «Algunos han decidido levantar las restricciones ahora que tiene todavía más nuevos contagios que cuando decidieron imponer esas mismas restricciones. Estamos haciendo un experimento que va a costar muchas vidas», dice Mark Lipsitch, un famoso epidemiólogo de Estados Unidos. Parecido a lo que dice aquí Margarita del Val, vaya, pero a ella la acusan de sesgo político.
Salvo milagros, advierten los microbiólogos, la pandemia no ha hecho más que empezar y la pelea con el virus concentrará nuestra atención y nuestros esfuerzos durante mucho tiempo. Frente a esto, las ansias de aplastar la incertidumbre y volver a la vida son poco más que alucinaciones generadas por las ganas que tenemos de retomar las cosas como las dejamos a principios de marzo. Pero por el momento no es que sea irresponsable, es que es imposible.