«Mi objetivo no solo es cortar orejas a cualquier precio»

Leo Cortijo
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«Mi objetivo no solo es cortar orejas a cualquier precio» - Foto: Reyes Martí­nez

La punta de lanza de la Tauromaquia conquense, Sergio Galán, hace balance de la temporada, sin cejar en su preparación de cara al año que viene, en el que volverá a «plantar cara» para posicionarse una vez más en el top-5 del toreo a caballo

Sergio Galán cuenta sus temporadas por décadas. Ya son más de 20 años como profesional del toreo a caballo, y eso le otorga un poso, una franqueza y una sapiencia únicas para autoevaluarse cada final de año taurino. Habla con la misma naturalidad con la que torea, y él es el primero en exigirse a sí mismo. Ahí radica su éxito. 
La temporada empezó pronto y muy bien. Puertas grandes en la puesta de largo en Illescas y en el regreso a Valencia y una oreja en Sevilla...
Sí, la verdad es que fue un inicio para estar contento. A Illescas fui por una sustitución, pero fue una de las corridas donde más rotundidad hubo. En Valencia corté tres orejas y fue una mañana muy positiva, donde me encontré muy a gusto porque era una feria en la que llevaba años sin torear. 
Entre esto y el siguiente puerto de montaña, Las Ventas, pasan dos meses. ¿Echó de menos una segunda tarde en la Feria de San Isidro?
Madrid es una de mis plazas y me encanta torear en ella. La idea era torear dos tardes, pero la empresa nos dijo que tenía muchos compromisos, que nos lo recompensaría de alguna manera y que si podíamos hacer el favor de ir solo un tarde sería en una de las más redondas, con una de las mejores ganaderías y en el cartel más fuerte, y accedimos. La tarde en sí estuvo muy marcada por el hándicap de la lluvia. Cayó más agua que yo qué sé (risas) y eso influyó mucho. Le corté una oreja al primero y en el segundo me la pidieron, podía haber salido a hombros, pero el presidente no quiso dármela. Luego me dijo que no me la había dado porque había pedido permiso para unas cortas, no me lo concedió, y yo, con la que estaba cayendo, le vi levantar el brazo y pensé que sí, y eso le sentó mal.
Entre Madrid y Santander a finales de julio hubo muchos compromisos, pero en plazas de menor importancia. ¿Echa en falta en pleno verano pisar cosos de más relieve?
Siempre te gusta estar en el mayor número posible de ferias, pero al final lo importante es torear. Por mi concepto, intento dar el máximo nivel en cada corrida. Sea plaza de primera o de tercera. Ahora bien, está claro que la repercusión cambia.

La región es un pilar clave en su temporada. Este año no tuvo suerte en Cuenca ni en Guadalajara...
Guadalajara es otro ejemplo de la mala suerte que he tenido con los sorteos. Me tocaron dos toros que dieron muy poquitas opciones. El primero parecía que iba a servir, pero de golpe y porrazo, a la defensiva; y el segundo es que se metió directamente a las tablas. Estuvieron muy bien los caballos, pero esas faenas técnicas son para el aficionado, no tienen lucimiento para el gran público. En Cuenca me pasó un poco lo mismo, aunque tampoco ayudó en nada el piso, porque llovió mucho el día anterior y estaba horrible.
¿El hándicap de esta temporada ha sido la mala suerte en los sorteos?
Sí. Pero aún así, ha habido faenas muy importantes para mí como profesional y para el aficionado, porque le he sacado cosas a los toros que parecían imposibles. Sin embargo, hoy en día todo el mundo espera que hagas cosas a los toros que lleguen arriba, y cuando un toro está a la defensiva, sin salirte de tu concepto, es casi imposible. No te queda otra que pelearte con él y sacarle lo máximo que te da. Hombre, si me salgo de mi concepto y hago otro tipo de toreo... Pero no, no lo he hecho nunca y no lo voy a hacer ahora. He sido siempre muy fiel a mi idea y nunca he intentado engañar al público.
¿Uno llega a replantearse esa forma de torear tan pura, clásica y ortodoxa cuando ve que otros compañeros hacen el rejoneo más bullanguero y eso les vale para cortar las orejas?
Es algo muy frustrante. Es verdad que lo fácil sería cambiar tu personalidad y tirar por la calle de en medio. Más efectos y adornos fuera del toro y menos toreo. Pero si hago eso creo que no sería yo. Es donde uno marca la diferencia. Y digo que es muy frustrante porque cuando uno hace un esfuerzo tremendo con un toro a la defensiva, muchas veces no se canta... hablan del triunfo sin importar cómo se haya llegado a él. Y creo que es un perjuicio, no para mí, sino para el rejoneo en general. Me preocupa. 
Más allá de la estadística, en lo personal, ¿qué balance hace del año?
Uno, lógicamente, siempre necesita triunfar, y cada uno lo hace con sus armas. Interiormente, me siento muy orgulloso de cómo han estado los caballos. Creo que no me he estancado, que he dado la cara muchas tardes en faenas como las de Guadalajara o la de Madrid. Y yo me quedo con eso. La regularidad de las actuaciones me hacen sentir satisfecho. Uno siempre quiere más, pero estoy contento porque mi objetivo de cada temporada es dar un pasito más dentro de mi concepto y sacar mayor provecho a ese tipo de toro medio y mejorar como torero, no solo cortar orejas a cualquier precio.
En ese no cortar orejas a cualquier precio, ¿es un hándicap para usted el tipo de espectador, cada vez menos aficionado y más público?
Son modas. Ahora hay una que tiende a la espectacularidad. No estoy en contra, creo que es importante que haya ese tipo de toreros, pero también que se juzgue como debe el otro tipo de toreo. Es importante que la gente que va a ver un festejo sepa diferenciar entre lo que realmente tiene riesgo y dificultad y lo que es un mero adorno. Tengo un hándicap con eso porque ahora mismo impera un toreo mucho más alegre y efectista y poco a poco se está perdiendo esa esencia de la templanza y la despaciosidad. Mi objetivo es torear lo más despacio posible y que parezca que es fácil, y eso es tan difícil...
¿Qué tal la cuadra de caballos?
Ahí he tenido otro hándicap. No he dicho nada para que la gente no pensara nada, pero a mitad de temporada se me lesionaron los dos caballos más importantes de mi cuadra, Ojeda y Apolo. Hice mitad de julio, agosto y septiembre sin estos dos caballos y se nota muchísimo ¡eh! Me han sorprendido Bambino, que de mitad de temporada para adelante ha crecido mucho y ha dado la cara; Embroque, que se ha consolidado; y Capricho, que al lesionarse Apolo, ha tenido que asumir una responsabilidad extra. Son caballos que han crecido porque no han tenido más remedio que tirar para adelante. No me han defraudado. Y eso es una satisfacción que me he llevado.
El rejoneo ha estado marcado este año por la polémica entre Ventura, Hermoso de Mendoza y el supuesto veto. Hasta donde pueda leer, ¿cómo lo ha vivido desde la distancia?
Cuando uno lleva tantos años de experiencia y ha vivido de todo, ya no se asombra por nada. Yo voy a mi aire e intento hacer méritos todos los días en la plaza para que me vuelvan a poner. Pero bueno, es verdad que nos iría mucho mejor a todos si los apoderados de los toreros fueran más independientes. Cada torero tiene sus intereses y cada apoderado los suyos, y al final cada uno mira por lo propio, que en parte tiene su lógica. Pero hay que pensar más allá porque el toreo no es solo para un día. Todo lo que sembremos es lo que vamos a recoger. Desde hace muchísimo tiempo se abusa del monopolio y deberían de –no sé cómo–, planificarse de otra manera las cosas.