OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Yo confieso

14/04/2020

Cada madrugada, al despertar, me siento un poco más tonto que la noche anterior. Y ojo, que eso me ocurre al levantarme tras horas de obligatorio reposo. Nadie puede imaginar, o quizá sí, de qué manera se acrecienta ese sentimiento mío en las 16 o 18 horas posteriores, que de encarcelamiento sufro, estando convencido de que lo padezco sin haber mediado sentencia alguna, aunque sí condena. Lo más grave es que me considero inocente de los hechos que me han llevado a este arresto. Aunque, bien pensado, sí que tengo responsabilidad, y además mucha, en el correctivo que ahora se me aplica. Soy culpable de no haber alzado la voz lo suficientemente alto y claro cuando sentí que ineptos e incompetentes asumirían las riendas de un trasatlántico cuando lo más que habían hecho, a ese respecto, era posar en un charco el barquito de papel que sus abuelos les habían hecho. Soy culpable de acobardarme ante algunos que, con argumentos cargados de demagogia, falsa tolerancia y descarada superioridad moral, siempre han cuestionado a los que no opinamos como ellos acompañando sus veredictos de falsos o manipulados datos, vergonzosos argumentos y descalificaciones de antidemócrata por no opinar lo mismo que ellos berreaban. Soy culpable de haber apoyado, por acción u omisión, a ineptos cuyos méritos previos acreditados no estaban basados en éxitos profesionales, ni en capacidades intelectuales imbatibles, ni tampoco en currículums profesionales incontestables o capacidades de gestión acreditadas por hechos probados. Soy culpable por haber puesto mi vida, mis esfuerzos, mis sueños, mi trabajo, mis ilusiones o mi futuro en manos de acreditados incompetentes, mediocres cum laude, idiotas con aires de grandeza sin más mérito que su ambición ilícita e inmoral. Sí, hoy me siento culpable de todo ello. Por eso, aquí y ahora, yo confieso