RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Disonancia cognitiva en España

Todo este asunto de los CDR es un buen ejemplo de la disonancia cognitiva que sufre la sociedad española después de años de intensa propaganda. Muchos catalanes, incluídos muchos que no votan a partidos independentistas, no pueden creer que los paisanos que se reúnen de tanto en tanto en los llamados Comités de Defensa de la República puedan ser terroristas. Se cruzan con ellos en la calle, hacen la compra en el mismo súper, sus hijos van juntos al colegio y comparten restaurante los domingos. Para ellos, los CDR son esa profesora de instituto con gafas de pasta verdes que no tiene en su expediente ni una sola multa de aparcamiento. Ese chaval que se junta los domingos en la plaza con sus amigos. Puestos a desconfiar, prefieren desconfiar de la Guardia Civil, demonizada día y noche por los medios del oficialismo catalanista. 
En el resto de España sucede al revés: ocurre que nadie tiene vecinos participando en esa nebulosa contestataria que son los CDR. Y lo que no pueden creerse es que haya quien defienda a los ‘borroka’ que acosan periodistas, que queman ruedas en las autopistas de peaje, que queman banderas y amenazan con destruir la paz social de un país a cargo de cuatro ideas fanáticas insufladas por TV3 y Puigdemont. Meses y meses de propaganda han perfilado la imagen de un monstruo terrible que era cuestión de tiempo que mutase en grupo armado. La realidad, como sucede siempre, está en algún sitio en el medio. En los CDR hay mucha gente normal con convicciones políticas que no comparto y hay también algún que otro exaltado. Por su estructura, por su evolución, por su razón de ser, la profesora de las gafas de pasta verdes y los tipos siniestros con planes para hacer daño pueden perfectamente compartir siglas. Lo difícil es entenderlo entre tanta propaganda.