LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Los expertos

13/05/2020

Los expertos se han convertido en la gran coartada para tomar decisiones que los políticos no asumen. Ellos, los políticos, deben ser votados mientras que los expertos no. Parten, por tanto, de un principio de desigualdad que explica después lo que sucede. Ahora se ha sabido, Alsina lo viene diciendo desde el lunes en Onda Cero, que el comité de expertos que decide los territorios que pasan de fase, sencillamente no existe. Es un grupo de funcionarios adscrito al departamento de Fernando Simón, que coteja las diferentes documentaciones que les llegan de un sitio y otro. Esto ya nos deja mucho más tranquilos, pues sabemos lo que intuíamos, que los expertos son Sánchez, Iglesias, Illa y Simón.
El problema de Simón es que se ha mostrado como un experto demasiado dúctil a los intereses de un Gobierno cuya relación con la verdad es cuanto menos complicada. La imagen del presidente Sánchez inventándose los datos sobre la marcha a las preguntas de un periodista en sus interminables ruedas de prensa la llevo grabada a fuego por dentro de la retina y creo que me persigue hasta en las noches más oscuras de Coronavirus. Pedro creyó que esto era un artificio político más para el que le valdrían sus continuas dotes de ilusionista, sin reparar en que la realidad acabaría poniéndolo en su sitio. España es el país con más porcentaje de sanitarios infectados y uno de los de mayor tasa de letalidad. Ahora vuelven los tribunales de justicia a echar la palada a los muertos que de las listas se esfumaron. Los registros civiles es lo que tienen. Son muy aburridos, pero en ellos germina la negra flor de la tinta que esconde la verdad. 
Ahora que los pajarillos trinan en el balcón y sorprenden mi mañana, recuerdo aquellas otras de enero y febrero en las que Simón decía que el Coronavirus apenas afectaría a España. Me vienen a la memoria aquellas consideraciones sobre si dejaría a su hijo acudir o no a la manifestación del 8-M. Dijo que sí, cuando era evidente que no. Los capitanes a posteriori somos así de claros, entre otras cosas, porque no teníamos toda la información que sí poseía el Gobierno. Hemos creado perfectos feministas crédulos que todavía siguen echando la culpa a la OMS. Siempre hay un experto que lo justifica como siempre existe un cabo que inicia la guerra. 
La figura del experto siempre me provocó cierta ternura hasta que vi sus efectos. Uno es licenciado en Periodismo y no exhibe el título por donde va, entre otras razones, porque cree que el oficio se labra en la calle. Sin embargo, conocí en la universidad catedráticos perfectamente idiotas, que habían leído muchos libros y no decían más que gilipolleces. Luego entendí todo. Hay que leerse muchos libros, todos iguales, para decir inmensas sandeces sin rubor. El hombre más sabio que conocí en el mundo lo vi bajo un árbol y no sabía ni leer ni escribir, dijo Saramago en su discurso del Nóbel. Muchos de esos también conocí yo, que me enseñaron la vida misma. El estudio y la memoria no son garantía de nada si uno solo estudia lo mismo y recuerda siempre lo mismo. 
Puestos a expertos, me quedo con el Perito en lunas, de Miguel Hernández, mucho más hermoso y poético que cualquier informe. Hernández fue cabrero autodidacta, aprendió de su amigo Ramón Sijé e hizo unas octavas reales magníficas en homenaje a Góngora. Con tanto experto, conseguiremos una nueva generación de niños yunteros.



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Me pregunto qué debe sentir aquél que sabe a ciencia cierta que alguien le está engañando y, peor aun, que tiene claro que esa actitud traidora no variará jamás