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Adaptarse o morir

Jairo Mejía (EFE)
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La pandemia está creando un nuevo escenario en el que gigantes como Amazon están siendo los más beneficiados, mientras el turismo deberá repensar su oferta si no quiere desaparecer

Adaptarse o morir

El fin de la pandemia, que las vacunas parecen acercar más que nunca, traerá un paradigma económico nuevo, con las grandes tecnológicas como todopoderosas facilitadoras del teletrabajo, el entretenimiento o el comercio minorista, mientras que otros sectores se verán abocados a una oleada de cambios, como le ocurrirá al turismo, cuyos actores protagonistas deberán repensar sus servicios para adaptarse a esa nueva normalidad que también afectará a los negocios.

Durante su primera rueda de prensa en el cargo, el presidente estadounidense, Joe Biden, repitió tres veces el nuevo mantra de su política económica «quiero un cambio de paradigma», algo que, independiente de los incentivos de su Ejecutivo, ya es un proceso en marcha en todo el mundo.

Las imágenes de decenas de gigantescos cruceros en las aguas de las Bahamas o frente a las playas españolas quedarán como una de las imágenes del fin de la vieja economía, mientas que con el paso de los años los trabajadores de millones de empresas en todo el globo no olvidarán cuando portátiles, instrucciones de Zoom, Slack o Google comenzaron a llegar a su improvisada oficina casera.

Este repentino cambio, especialmente visible y cruento en el ámbito turístico, llevó a empresas como Carnival Cruises de ganar trimestralmente unos 6.000 millones de dólares a 33 millones a finales de 2020. Caídas similares experimentaron aerolíneas, cadenas de hoteles o restauración de todo el mundo. «Volver a un crucero va a requerir muchos protocolos, nuevos procesos y tecnología», opina Stewart Chiron, experto de esta industria y conocido como The Cruise Guy.

«La economía de pandemia aceleró la tendencia a favor de activos no tangibles a través de firmas con relativamente menos empleados. Esta tendencia continuará. Los negocios tradicionales se recuperarán, pero la desconexión con las firmas con más intangibles por empleados persistirá y seguirá siendo un desafío social y económico», opina el profesor de economía de la Universidad de Nueva York Michael Spence.

Durante la crisis sanitaria el mundo no ha parado, sino que se ha desplazado a un escenario digital, algo que está procurando pingües beneficios a Amazon, uno de los mayores ganadores de la pandemia, con unos ingresos trimestrales que pasaron de unos 75.000 millones de dólares a más de 125.000. De hecho, la compañía se lanzó durante el año pasado a una oleada de contrataciones, mientras sindicatos y gobiernos criticaban «la laxitud» para prevenir los contagios de COVID en sus inmensos complejos logísticos.

Con su inmenso crecimiento y su diversificación durante la crisis del coronavirus, la firma norteamericana se sitúa a tiro de piedra de Walmart, la mayor empresa privada del planeta, que pasó de ingresar 134.000 dólares a comienzo de 2020 a tener unas ventas de 152.000 millones en el último trimestre de ese mismo año.

Los perdedores

La pandemia no solo ha acentuado la división entre ricos y pobres, sino que ha provocado un cisma de dimensiones aún inapreciables entre los exponentes de la economía digital y otras empresas industriales, financieras, sanitarias o de turismo que tendrán muy difícil adaptarse a los nuevos paradigmas económicos.

En el caso de la restauración, los que habían apostado por la digitalización han escapado indemnes de la pandemia, aumentando inclusos sus ingresos a pesar de las restricciones que los gobiernos de todo el mundo han impuesto a las firmas de este ámbito. Y es que este sector ha sido uno de los señalados como responsable de la expansión de la COVID.

Disney es un ejemplo de multinacional que consiguió salvarse de la pandemia sin darse cuenta. Al consolidar su apuesta por el entretenimiento en streaming justo antes de la crisis sanitaria mundial, consiguió capear el terremoto que ha sufrido en su segmento de parques, viajes (incluídos cruceros) y tiendas minoristas.

«Lo que nos recuerdan acontecimientos como el del atasco en el Canal de Suez, ocurrido el pasado mes de marzo, es que en esta economía tan interconectada el eslabón más débil puede generar un gran impacto en toda la economía. Hace 50 años algo así seguramente no hubiese supuesto el problema que representa hoy», explica el matemático Nassim Nicholas Taleb. 

 

Teletrabajo

Una de las revoluciones de la crisis sanitaria que parece que ha llegado para quedarse es el teletrabajo. Así, un 36% de los directivos de las grandes empresas españolas y un 34% de las pymes apuestan por un futuro pospandemia en el que el empleado divida su jornada entre la oficina y su domicilio, según un estudio de una firma de telecomunicaciones. Sin embargo, los planes del empleo a distancia no son aplicables a todos los sectores: solo el 18% de las microempresas continuará trabajando a distancia cuando acabe la pesadilla de la COVID.