CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Los debates

Decía no sé quién que España era un gran debate sobre el debate. Finalmente han sido dos, uno de ellos se celebra esta noche y otro mañana; el primero en TVE, que ha dado paso al debate interno sobre la independencia de la televisión pública -y eso que no se puede acusar a la de Mateo de contar con unos informativos trufados de simpatizantes del PSOE- y el segundo, este martes en Antena 3, que durante estos días de polémica se ha mantenido en la posición que había acordado con los partidos y que al final ganó la batalla a pesar de que luchaba nada más y nada menos que contra el poderío de Moncloa y Ferraz, que sumaron fuerzas.
Es unánime la conclusión de que Pedro Sánchez ha sufrido un deterioro de su credibilidad en esta disputa, se le ha visto su intención de sacar ventaja tratando de imponer su cargo de presidente de Gobierno; pero lo que importa es lo que suceda en estos dos debates, no las polémicas previas.
Veremos una España dividida en dos, PSOE y Podemos por una parte, con PP y Ciudadanos en la otra. Seguro que Sánchez y Pablo Iglesias intentarán que Vox esté muy presente. De hecho, es lo que pretendió el líder socialista al poner como condición que acudiera al debate de A3, que fue lo que provocó toda la polémica con la Junta Electoral Central. De la inteligencia de Casado y Rivera depende que desvíen la cuestión a lo que de verdad importa: qué fórmulas tiene el jefe del Ejecutivo para que cuadren unas cuentas rechazadas por el FMI y el propio Banco de España, cómo va a costear las prestaciones sociales que promete, electoralistas pero inviables económicamente, y de qué manera va a plantear la financiación del Estado autonómico si se mantiene en el poder. Porque el problema no es solo el independentismo catalán -sería un error monumental que el debate se centrara en lo que a Puigdemont y Torra interesa que se centre- sino cómo se garantiza la igualdad de todos los españoles en todos los aspectos sociales, vivan donde vivan y al margen de lo que exijan los independentistas de Cataluña. Hoy, la animadversión creciente hacia lo catalán, injusta porque pagan justos por pecadores, no se debe al independentismo, sino a la sensación de que nacer en Cataluña tiene premio: recibe mucho más dinero del Estado que el resto de las regiones.
Los sondeos previos al 28 de abril son coincidentes: Pedro Sánchez tiene garantizado que gana las elecciones, pero no la mayoría suficiente para gobernar con el apoyo de otros partidos de izquierda, nacionalistas e independentistas. De lo que ocurra esta noche y mañana por la noche, de la inteligencia con que defiendan su posición los cuatro adversarios y desmonten las propuestas de sus contrarios, y de la forma en que demuestren su cercanía con los problemas de los ciudadanos, depende en buena parte que el futuro Ejecutivo de España sea de izquierdas o de centro derecha.