VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


A las calles

Se ha convocado en Madrid una manifestación para protestar contra la democracia. Como la capacidad de sorpresa en estos tiempos posmodernos no tiene límite, a pocos habrá sorprendido. Quieren que Carmena siga de alcaldesa aunque haya habido elecciones con el resultado de todos conocido. Que ostente el bastón de mando por siempre jamás. Ad eternum. Por derecho divino fruto del amor tierno y las magdalenas recién horneadas. Quienes convocaron la manifestación y los dispuestos a secundarla se han dado  cuenta ahora de que con el sistema electoral que tenemos el más votado puede quedarse sin gobernar. Le pasó a una señora llamada Esperanza Aguirre hace cuatro años y entonces alguien quedó en segundo lugar pero gobernó, exactamente igual que sucederá ahora. Ese alguien fue otra señora llamada Manuela Carmena. Pero entonces,  cuatro años atrás, nadie se manifestó ni tomó la calle para ganar en ella lo perdido con los votos. Ahora volverán los manifestantes a clamar por su particular visión de la democracia: o pasa lo que yo quiero, o a las calles a lanzar consignas contra el sistema, que en el fondo son diatribas contra la democracia. Pronto  comenzarán las camisetas negras, las batas blancas y las mareas verdes a hacerse visibles de nuevo en Madrid, tras el letargo profundo en que han estado inmersas, en el que no había nada por lo que protestar.
Esta vez la excusa preventiva será la ultraderecha, la etiqueta elegida para descalificar a la opción política que acaba de ingresar en las instituciones con cientos de miles de votos de españoles que, según esa simplificación, son despreciables ultraderechistas. ¿Han incumplido alguna ley?. ¿Han proclamado la independencia ilegal de algún territorio?. ¿Han impuesto a alguien sus ideas, por equivocadas que sean?.  Es notable como el concepto de ultraderecha ha ido pasando del PP, de cuyas espaldas colgaba hasta no hace mucho tiempo, al más socorrido VOX ahora. El demonio va mutando según sea el interés de los siempredenunciantes. Y más  curioso aún es de qué forma selectiva se puede llegar a apreciar el carácter ultra de unos pero se ignora el de otros. Madrid sin ir más lejos lleva cuatro años gobernada por un equipo municipal ultra, pero de izquierdas. Pocos lo condenan. Pedro Sánchez dijo al llegar a Bruselas el pasado martes: «No podemos descansar en formaciones anti europeístas y de ultraderecha instituciones tan importantes  como un ayuntamiento o una comunidad autónoma». Pero según su proceder, el gobierno central sí podemos descansarlo en formaciones ultranacionalistas y de ultraizquierda  como las que propiciaron su llegada a Moncloa.