Los productores de la provincia apuestan por el pistacho

J. López
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Los inviernos fríos y veranos calurosos de la Mancha aseguran el éxito de un cultivo que cada año suma un mayor número de hectáreas

Los productores de la provincia apuestan por el pistacho - Foto: PABLO LORENTE Pablo Lorente

El cultivo de pistacho está de moda en Castilla-La Mancha hasta el punto de que la región se ha convertido en la primera con mayor superficie, ocupando nada menos que dos tercios de la producción nacional. Las últimas estadísticas indican que la comunidad autónoma acumula una superficie cercana a las 22.000 hectáreas y Cuenca supera las 3.000. 
Lo cierto es que el cultivo del pistacho ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años provocado, entre otros motivos, por el buen rendimiento que ofrece y por los precios que se están abonando. Esos son motivos suficientes para que muchos agricultores estén apostando en los últimos años por plantar árboles y arbustos de pistachos y esperar al menos un lustro para empezar a cosechar el rico fruto.
Uno de los primeros agricultores de la provincia que apostó por este novedoso cultivo fue el sanclementino Carmelo Cabrera, quien justifica el interés de los últimos años por este árbol –propio de regiones montañosas de Grecia, Siria, Turquía o Irán–. El pistacho se ha escogido como alternativa de otros cultivos, porque «los cereales son ruinosos y no se gana dinero y, en casos como la viña, se puede cultivar si tienes derechos y si no no se puede».

Hace 20 años. El miembro del Comité Ejecutivo de Asaja Cuenca cuenta que el boom del pistacho arrancó hace unos 20 años en el Centro de Investigación Agroambiental ‘El Chaparrillo’ de Ciudad Real. Este centro fue pionero en el estudio y aplicación del cultivo de un leñoso, que pronto suscitó el interés de los agricultores. «En Ciudad Real empezó todo y es la provincia que nos lleva un adelanto grande, pero Cuenca ya está despertando y se está produciendo en muchas plantaciones». Tanto es así que la docena de productores de San Clemente y comarca que entonces apostaron por el pistacho –entre ellos Cabrera– están recogiendo los rendimientos en la actualidad.
Lo bueno de este cultivo es que el mantenimiento es similar al del almendro, «con sus podas, tratamientos y abonados», y los precios que se están pagando por tonelada son superiores a otros cultivos, caso del cereal. «La mayor parte de la ocupación de la tierra en la provincia es de cereal. Entre lo poco que llueve, no nos dejan regar y no están en precio, la alternativa es el pistacho, el almendro o la viña», insiste.
A finales de verano, y desde mediados de septiembre, se recolecta el fruto  con paraguas –la maquinaria que habitualmente recoge la aceituna o la almendra haciendo vibrar el árbol– y se vende a varias empresas receptoras que lo transforman. Antiguamente «se pelaba, pero ahora se mecaniza y se lleva el mismo día o al siguiente para que se procese. No puede estar mucho tiempo porque si no se mancha y se estropea», cuenta el agricultor. 
Cabrera asegura que «no es el chollo que la gente piensa que es, pero «yo ya tengo en producción y hoy por hoy es rentable, más que la cebada e igual que puede ser la viña». Asimismo, opina que el clima de la Mancha es óptimo para su desarrollo, pues «en invierno necesitan sus horas de frío y en verano mucho calor. No en todos los sitios va el cultivo».     
Esas buenas condiciones meteorológicas han provocado que más de uno haya optado por este cultivo en los últimos tiempos, a pesar de que debe esperar varios años para que el árbol entre en una producción considerable.
Eso sí, el fruto que se recoge en las explotaciones conquenses no tiene que envidiar al que se cultiva en otras regiones y zonas, puesto que «no tiene nada que ver. El sabor es mucho más intenso».