VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El jefe de gabinete

Esta semana hemos sabido que el jefe de gabinete de Pablo Iglesias ha decidido abandonar a su líder y marcharse a trabajar al nuevo gobierno argentino que preside Alberto Fernández. En el país de La Pampa no están mucho mejor que aquí en lo que a la política se refiere, es una sociedad partida en dos polos irreconciliables como la nuestra, y el entendimiento entre ambos es imposible: el centroderecha de Mauricio Macri entró tal y como se va, con estrépito. Por eso Pablo Gentili, del que no habíamos escuchado nada hasta ahora, abandona el gabinete del futuro vicepresidente español para marcharse con el presidente argentino: porque ahora están los nuestros en el poder. Y así pone tierra de por medio con Podemos, cuya carcoma de denuncias por algunas presuntas irregularidades está siendo convenientemente tapada en las televisiones, pese a que su catálogo repite miméticamente aquello que les encantó cuando ocurría en otro partido español: sobresueldos en negro, pago irregular de obras en su sede y destrucción de discos duros de ordenadores. Hace una semana de las denuncias, y el asunto ya no existe en los medios.

Pero volvamos a la figura del jefe de gabinete, un personaje que ha ido proliferando en las últimas décadas en ámbitos públicos, aunque también privados, de nuestra vida política y empresarial. Quien no tiene jefe de gabinete no es nadie en este país. Los lideres políticos lo tienen, estén o no ocupando puestos institucionales. El secretario general de un partido lo tiene a su lado en la antesala de su despacho. No se separa de él ni dentro ni fuera del cuartel general. El jefe de gabinete es un ser oscuro, que raras veces aparece en las fotografías, que organiza todos los actos, vela porque esté todo preparado en el momento justo, traza la estrategia de apariciones del líder y salvaguarda sus deslices pidiendo favores a quien haga falta. Y es temido por el resto de los integrantes del equipo del jefe. Seguro que Gentili ha tenido que navegar en aguas procelosas ante errores cometidos por su mentor en Podemos. En la serie The Crown, el ayudante de cámara de la Reina de Inglaterra llega a decidir presencias o ausencias de Isabel II en determinados escenarios, y a señalar lo que le conviene o no. Me imagino la figura de Gentili cerca de Iglesias con la misma meticulosidad con que se emplea Martin Charteris, el barón que conoce al detalle todos los sucedidos del palacio real que alberga la monarquía británica. Antimonárquicos organizando su quehacer diario con los procedimientos milenarios de la monarquía: otra paradoja del insólito e imprevisible momento actual.