TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Sobre la Superliga

Habrían leído, visto o escuchado esa patochada megalómana de la Superliga europea, presuntamente impulsada por diez o quince gigantes del fútbol continental y aplaudida por una enorme recua de tontos útiles, o sea, equipos de escalones inferiores que sonríen comiéndose las migajas que caen al suelo de mármol de los guapos.

Esa Superliga, o como quisieran llamarla, nacería de la eterna avaricia de quien más tiene (pues todo le parece poco, incluso quintuplicar su presupuesto e ingresos en el presente siglo), pues consideraría que ni su Liga ni la UEFA le pagan suficiente, y que él solo con sus semejantes es capaz de generar mucho más: televisiones, patrocinadores, publicidad... Así que cada equis tiempo, es recurrente, hay un amago de montar la competición que hace temblar los cimientos del statu-quo futbolístico.

Sin embargo, precisamente de la Liga más rica de todas (la Premier League), la que debería ser el motor elemental de este proyecto, ha salido la carta más contundente: «En Inglaterra el fútbol juega un papel muy importante en la cultura y vida de nuestro país. Millones de aficionados asisten a los partidos, con una fidelidad que pasa de generación en generación. Tenemos una gran Liga. Competitiva y con seguidores comprometidos a los que defenderemos». Decir abiertamente que United y Watford y City y Fulham son la misma cosa (y sus aficionados, por supuesto, también) es un puñetazo al mentón de la Superliga y sus ideólogos, de los meapilas de segundo nivel que pretenden sacar tajada haciendo seguidismo del gigante y de los que ciega y permanentemente hacen de menos a los otros diez, doce o quince equipos de su competición, como si fuesen una molestia necesaria y no un camino exigente hacia su grandeza. Más respeto y menos arrogancia, y tendríamos un fútbol mejor.

¿Que por qué admiramos (envidiamos) a la Premier?