CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Trampantojo

18/04/2020

El otro día oí en las Cortes -ahora se parece más el ágora ateniense donde filosofan los valientes- cómo el líder de la oposición sacaba a la luz una palabra poco usada en el lenguaje coloquial y sí bastante en el lenguaje artístico de cierto rigor científico: trampantojo.
Y me hizo la suficiente gracias para sacarla a la luz en estos difíciles tiempos que corren. Si nos atenemos al diccionario de la RAE, es «esa trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es». por tanto es una ilusión óptica para engañar viendo algo distinto a la realidad, buscando jugar con los sentidos, la memoria y la percepción especialmente.
Es muy usado en la pintura lógicamente, pero en estos tiempos de gastronomía a la carta, de autor, creativa, novedosa, también es muy aplicable, con todos esos platos creativos que se llaman de todo menos de lo que se compone realmente.
Pero no me trae aquí hablar de tema tan recurrente en tiempos de drama o de incertidumbre, sino que quiero llevarlo a la anécdota de la actualidad que nos invade. Algo que puede y debe resultar mucho más serio de lo que pudiera parecer.
En mi humilde conocimiento creo que desde el hemiciclo donde se representa al pueblo democrático, muchos de nuestros representantes le están dando ‘pataditas’ a nuestro diccionario con relativa frecuencia y ello nos está permitiendo -porque hasta ahora se trataban temas livianos- de comprobar el que una cierta escasa formación de un alto número de ellos sea más que significativa-. Me viene a la memoria, por ejemplo, cuando un miembro del Consejo de Ministros decía hace poco eso de que «la previsión del pasado», cuando en mi modesta opinión, un pasado es pasado y ya no se puede prevenir nada, sería prevenir el futuro, digo yo; o por ejemplo, cuando otro miembro de ese mismo equipo ministerial, expresaba con cierta valentía eso de que «ambos dos» deben estar de acuerdo, cuando si es ambos sobraría lo de dos.
Pero claro está que también deberemos pensar que la formación de cada persona de responsabilidad importante va a depender, lo mismo que de las personas comunes, de esa formación recibida, porque ahora nos estamos dando cuenta, ‘ahora’ y bien lo digo, que existe una grandísima diferencia entre la formación de un colegio privado con respecto a la formación de un colegio público, cuando en estos momentos en que los niños están confinados por el drama del coronavirus, observamos como en algún caso pueden seguir adecuadamente las enseñanzas on line de sus profesores con total normalidad y aplicación por tener los recursos necesarios -algo que en este siglo XXI debería ser habitual- y otros, en gran mayoría, no pueden seguir esas enseñanzas on line por carecer de la tecnología necesaria en su propio domicilio -hasta de un simple ordenador- como es el caso de los colegios públicos financiados por el Estado y, por tanto, la igualdad y equidad de los españoles queda totalmente fracturada y en verdadero entredicho.
Pues así es España, amigos, para bien y para mal; entendiendo que un trampantojo en muchas de sus realidades, sea ilusión óptica o sensorial, da igual, ya que sería más ilusión porque de realidad habría mucho que decir en cuanto a lo que nos «venden» desde las altas esferas y lo que «nos encontramos» en el día a día, de la realidad más real.
Tal vez sea, como siempre se dice, que «gracias» a un mal de orden mayor, tremendo, dramático, invasivo y mortal, se van a poder extraer algunas conclusiones positivas de una realidad que podría más bien haber estado camuflada por el consumismo, la vida alegre, el divertimento extremo, la banalidad televisiva o el deseo de vivir al día, olvidando que siempre hay un antes y un después. Reflexionemos que falta nos hace.