Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Nuestros paisanos en Madrid

04/05/2020

En el combate en que convirtieron el parlamento de Castilla–La Mancha tuvimos tiempo para oír de todo. Cuatro horas y media de comparecencia por parte del gobierno dan para mucho. La política convertida en la defensa y el ataque. Una constante de mentidos y desmentidos, de «y tú más, y tú peor», bañada de una hipócrita retórica de buscar consensos y llegar a acuerdos. Qué le vamos a hacer. Tenemos lo que votamos. En Madrid tienen a Ayuso y en Castilla–La Mancha tenemos a Page. Y muchos de nuestros paisanos, sufren a los dos. 
De los discursos de Page en la gestión de la peor crisis sociosanitaria y económica que estamos viviendo, una ya espera oír cualquier barbaridad. Yo no sé si es que no hay nadie alrededor que le diga algo, con tantos asesores. Sobre todo, para advertirle ante ese despropósito por focalizar en las personas que mantienen un vínculo de movilidad permanente entre Madrid y Castilla–La Mancha, como principal vector en la expansión de la pandemia en nuestra región. Culpar a los miles de castellano-manchegos que estudian, trabajan o viven en Madrid, en buena medida porque en su comunidad no han tenido oportunidad de hacerlo, por querer volver a su hogar, con sus familias, para sobrellevar el confinamiento, es injusto e irresponsable. 
Son nuestros paisanos o sus hijos, que tuvieron que abandonar nuestros pueblos y emigrar a la capital a buscar un futuro y no han querido romper el vínculo con su tierra. O son nuestra familia, amigos y vecinos, que tienen que marchar cada día a Madrid para buscarse la vida. No merecen este lenguaje ni esta actitud por parte del mayor responsable político de esta región. 
Pero es que además, hacerlo sin aportar ningún dato ni argumento riguroso que lo demuestre convierte la hipótesis en chascarrillo de balcón o meme de red social. A un presidente autonómico se le debería exigir más. Si yo tuviera que usar como muestra lo que ocurre a mí alrededor, desmontaría esa idea. Ni mis vecinos, ni amigos ni familiares que están en esa situación han vuelto de Madrid. Pero esto no es un dato científico para concluir nada, y menos en la tribuna de un parlamento. Y aunque lo fuera, ¿qué sentido tiene que Page en su comparecencia señale a quienes se mueven a Madrid y a una familia concreta de otra comunidad como principales focos de contagio de nuestra región? 
Page rompe con el consenso social tácito en no señalar públicamente, ni adjudicar responsabilidades en el contagio del coronavirus. Ni individuales, ni colectivas. Y no solo porque científicamente, salvo brotes particulares muy controlados, resulta complicado a día de hoy establecer esa correlación, sino que este tipo de mensajes pueden estigmatizar a personas o comunidades y causar rechazo y señalamiento. Los virus siempre los traen los otros, vienen de afuera, son forasteros en nuestras tierras. Y el presidente de Castilla–La Mancha se empeña en ponerles rostro.