LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Mucha policía

El Rey vino ayer a Toledo para inaugurar un congreso internacional de la policía con motivo del cuadragésimo aniversario de la incorporación de la mujer al cuerpo. Aquello era la ONU de la policía, pues vi hasta una agente con la cabeza cubierta por un pañuelo. Lo cierto es que Felipe VI dijo en su discurso que la policía era la garantía de la libertad y la seguridad en nuestro país, cosa absolutamente cierta a juzgar por lo que vamos viendo en Cataluña. Rodeado de más de trescientos cincuenta agentes de policía de todo el mundo, no pude por menos que acordarme del pacto entre caballeros que firmó Sabina hace más de treinta años en uno de sus más míticos trabajos, ‘Hotel, dulce hotel’, cuando pergeñó aquella canción que acababa con un estribillo interminable llamando a la ‘mucha, mucha policía’. Eso es lo que había ayer en Toledo, mucha policía y una sensación de incertidumbre.
Incertidumbre no por la policía, faltaría más. Incertidumbre porque estamos a cuatro días de las segundas elecciones generales en seis meses y no sabemos si podrán celebrarse con libertad en Cataluña. La dejación del Estado durante estos cuarenta años ha sido tan enorme que no nos hemos dado cuenta de que nos han salido dos generaciones de indepes en las escuelas de Pujol, hasta hace un lustro, cuando la corrupta clase política catalana se vio acorralada y vio necesario soltar los perros de presa para morder al constitucionalismo que le había dado de comer. De esta forma, desviaban la atención sobre las cuentas en Suiza y Andorra, clamando a voz en grito aquello de ‘España nos roba’. No sólo es que España no robe; es que va a devolver la libertad a los catalanes.
Ninguna familia en nuestro país robó tanto ni se hizo tan rica como los Pujol. Esto no sale en según qué medios, pero es cierto como que ahora tiene usted la paciencia de llegar a la mitad de este artículo. Cuentan los que de esto saben que hasta que el viejo muera, quizá no puedan ajustarse las cuentas debidamente. Pujol sabe mucho, sobre todo, del Rey Emérito y quizá es peor menear el árbol en según qué circunstancias. Pero lo que vemos hoy es que hasta Rufián es vapuleado por sus cachorros, que no dejarán de tener sed de sangre igual que Robespierre. Y miren cómo acabó.
La solución a Cataluña pasa por un 155 ‘sine die’, largo, eterno, sin prisa. La misma que no tuvo nunca España a lo largo de la Historia. Los catalanes se fueron en el Corpus de Sangre oliendo la debilidad de la monarquía austracista y del Conde Duque de Olivares. Llegaron hasta Francia y se pusieron a orden de los Borbones. Y en poco más de diez años volvieron con el rabo entre las piernas. Esta es la Historia verdadera, la que no se cuenta en las escuelas catalanas, donde se aprende a hablar catalán mucho peor que Leonor. La Princesa está preparada para reinar, aunque quizá no entienda por qué en un territorio de su país la abuchean. Creo que contamos con el beneficio de los genes, pues a ella ha llegado la campechanía del Rey Viejo. Aunque, como se descuide, no tiene reino para cuando llegue.
Girauta me dice en la radio que no quiere volver a Barcelona y que está muy a gusto en Toledo, aunque le vuele el escaño, si es que le vuela. Hoy la libertad en un territorio de España pasa por la policía, mucha policía. Y es que cuando el pillaje y el asalto sustituyen a la ley, no queda más remedio que el orden y la disciplina. España tiene la paciencia de los siglos.


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