COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El dilema a resolver

La clase política se enfrenta a un nuevo dilema que la parte por la mitad según el bloque al que pertenezcan y según cuales sean sus intereses partidistas que como se sabe no siempre, o incluso en escasas ocasiones, coinciden con los intereses generales que dicen defender. El dilema es simple en su formulación: dado que de las lecciones del pasado domingo no ha salido un escenario de desbloqueo de la gobernabilidad, las dos opciones más claras para lograrlo serían un gobierno de gran coalición o la abstención del PP.

Ninguno de los dos partidos concernidos quieren oír hablar de una u otra solución, el PSOE porque es el partido que ha ganado las elecciones nuevamente –victoria amarga- y se considera con el derecho obtenido por los votos para que le dejen gobernar; y el PP rehúye la abstención patriótica porque sus resultados han sido mediocres con respecto a las expectativas que ellos mismos habían generado –amarga subida- y ha cambiado de perseguidor, de Ciudadanos a Vox, aunque haya aumentado la distancia.

Desde medios políticos y mediáticos conservadores ha comenzado la campaña de presión para que el gobierno de coalición al que está abocado el PSOE sea de gran coalición. Hace cuatro años en la repetición electoral que provocó Mariano Rajoy, a nadie se le ocurrió pedirle que fuera generoso y que ofreciera la parte alícuota del gobierno al PSOE. No. Se exigía su abstención y el no es no de Sánchez y la división del partido causó a los socialistas su mayor crisis interna de los últimos años. Hubo apoyo sin contrapartidas. El PSOE asumió su responsabilidad, se rehízo, y los casos de corrupción en los que ha estado envuelto el PP hicieron el resto.

Quien propone un gobierno de gran coalición pincha en hueso. Las apuestas de los socialistas no pasan en ningún caso por un gobierno de esas características.  Aunque alambicadas y difíciles de conseguir para sortear el apoyo de los independentistas -que hacen hincapié en la posición más débil de Sánchez-, hay alternativas posibles. La más evidente, sin embargo y la que facilitaría de forma más rápida y eficaz el desbloqueo de la situación y que el gobierno echara a andar es la abstención del PP. Sus dirigentes lo han descartado de plano. La razón es que no se fían de Sánchez, pero la realidad es que cualquier movimiento que pudiera realizar que pudiera beneficiar a los socialistas sería utilizado en su contra por un Vox crecido y deseoso de ocupar más espacio de oposición, y más si el proyecto de Sánchez incluye a Unidas Podemos en el Ejecutivo.

Ese  es el problema del PP, que tiene que gestionar lo que ocurre por su flanco derecho, una vez desparecido Ciudadanos y dimitido su líder -era inevitable-, pero que no tiene nada que ver con el mayor interés general de la posibilidad de tener un gobierno y  que además no dependa de los independentistas.  Para los socialistas también era una “labor patriótica” evitar que gobernara Mariano Rajoy, que desde su posición minoritaria había bloqueado cualquier posibilidad de que la oposición pudiera sacar adelante alguna de sus propuestas con el argumento de que todas ellas se salían de los límites presupuestarios. Y cedieron.

El PP se encuentra ante un paso de decisión que le puede inducir a cometer errores estratégicos y más cuando comiencen a llegar las presiones desde distintos lugares pidiendo su abstención, que ya han empezado con perfil bajo por los autónomos.