La 'bisagra' a la que ya no miman las encuestas

SPC
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Albert Rivera se la juega en las urnas después de que su 'no' a Sánchez fracturase a Cs y le arrebatase el tradicional cariño de los sondeos

Albert Rivera no sabe muy bien por qué se hizo político, ha contado en alguna ocasión, pero una vez que dio el paso y dejó de lado su carrera como abogado en La Caixa, lo que siempre ha querido ha sido aportar su granito de arena para cambiar el país sin romperlo. Si en su día llegó a la Presidencia de Cs por azar al ser elegido por orden alfabético, ahora suma ya su tercera reelección. Hiperactivo, competitivo y muy nervioso, maneja con soltura el rol de protagonista, y de hecho hizo una irrupción estelar en la política a gran escala al aparecer desnudo en un cartel electoral con el lema Solo nos importan las personas. Ahora, casi por primera vez, el catalán afronta unas elecciones con las encuestas a la contra, él, que siempre fue el niño mimado de los sondeos, aunque luego no acabó de cumplir las expectativas  en las urnas. 
Hijo único del matrimonio compuesto por Agustín y María Jesús, en su ADN lleva la lucha. Y es que sus progenitores son de clase media, autónomos, y, a día de hoy, intentan salir adelante con un negocio de comida casera para llevar (tuvieron una tienda de electrodomésticos). El padre, barcelonés como él, proviene de una familia obrera de La Barceloneta, en tanto que su progenitora es una de las miles de emigrantes andaluzas -nació en la localidad malagueña de Cútar- que fueron de niñas -con 13 años- a la rica y próspera Cataluña en busca de un futuro que el sur les negaba.
Con sacrificio, Agustín y María Jesús buscaron para su hijo la mejor educación, y decidieron que cursase sus estudios en la Escola Cervetó, en Granollers. Allí terminó de forjar su carácter, destacando en el deporte más competitivo e individualista que existe, el de la natación. Llegó a ser dos veces campeón regional en braza.
Curiosamente, ya en la universidad, no dejó la piscina, aunque pasó a una disciplina colectiva, la del waterpolo. En la Facultad Esade (Ramón Llull) se matriculó en Derecho y allí conoció a dos profesores que influyeron en él decisivamente: José Carlos Remotti, que le inculcó el amor a la política y la oratoria -ganó en 2000 una liga nacional de debates-, y Francesc de Carreras, impulsor de la plataforma cívica Ciudadanos de Cataluña, germen del partido naranja.
En julio de 2006, se celebra el primer Congreso del nuevo partido, y de la forma más caprichosa recibe la oportunidad de su vida. Se elaboran varias listas para elegir presidente, y la escogida es la que contenía una con los candidatos por orden alfabético. Albert. El primero de aquel listado. 
Acusado de ventajista por apoyar a socialistas y populares según las circunstancias, Rivera se presenta a un examen que le puede llevar a la Vicepresidencia del Gobierno o a ser cuestionado en su propio partido. De hecho, esa indefinición, y sobre todo el veto a Pedro Sánchez después de las elecciones de abril, le han costado una fractura interna que se ha llevado por delante a varios dirigentes que casi estuvieron con él desde el principio. El catalán, admirador de Adolfo Suárez y de John F. Kennedy, se escuda en su condición de partido bisagra para pactar con derecha e izquierda. Pero las urnas puede que no le perdonen esa fama de veleta de la que le acusan sus rivales políticos.