LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Os han dicho que pactéis

Las últimas elecciones generales, autonómicas y municipales, han arrojado en casi todos sitios un mensaje nítido: la necesidad de pacto entre al menos dos fuerzas políticas. Ignorar este hecho y pretender que se mantenga a toda costa un modelo de gobierno y liderazgo como el que se desarrollaba hasta hace cinco años, solo está llevando a más frustración y desapego de la población española. El comportamiento del primer partido nacional está marcando la tónica: si tienes solo 123 diputados siendo el tuerto en el país de los ciegos, no puedes pretender que todos pasen por tu aro, y mucho menos amenazar con nuevas elecciones.
En cualquier país del mundo, si tienes la posibilidad de pacto con otros, lo debes de hacer, especialmente cuando no te piden nada raro. Los de Unidas Podemos le solicitan entrar en el gobierno y lógicamente a Sánchez le viene mal. ¡qué se le va a hacer! Pero las cosas son así. El principal problema de este acuerdo es que no suma la mayoría absoluta sin la concurrencia de fuerzas nacionalistas disgregadoras, y es en ese punto donde debe de considerarse que otros, por activa o pasiva (es decir, con la abstención) colaborasen en esa salida. Como pueden observar, el pacto por ese lado es incongruente y objetivamente insostenible, si es que hemos de creer la voluntad moderada e integradora del PSOE de Sánchez.
¿Cuál es, por ello, la mejor huida para conciliar el mandato de pacto con la realidad? Pues un acuerdo entre el menor número de partidos posible pero que sume la mayoría absoluta de 176 escaños. En efecto: la salida es un pacto entre PSOE y Ciudadanos, o entre PSOE y PP. Ustedes conocerán poca gente que votando al PP quiera que termine pactando con el PSOE (por razones históricas, sentimentales, etc.), pero sí que hay personas en Ciudadanos, probablemente más de la que se piensa, a los que no les importaría en beneficio del país y para evitar antisistemas y secesionistas, que ese partido gobernara con el PSOE, y además influyendo decisivamente como socio de gobierno. Esa sería la solución lógica en cualquier país de Europa menos aquí. ¿Por qué no lo hacen?
División de culpas: primero está Pedro Sánchez, que quiere esa entente pero a cambio de casi nada (el otro extremo, darlo todo, ha sido Page en Castilla-La Mancha, despojando a sus propios alcaldes ganadores de las elecciones, para labrarse un perfil de centrista de cara a sus sueños nacionales).
Y segundo está el líder de Ciudadanos, Rivera, que antepone su interés personal de no ser eclipsado como referencia política entre dos líderes de su edad (Sánchez y Casado) y cuyo orgullo le impide ser acólito o banderillero. Sánchez y Rivera por tanto, y no otros, son los responsables de lo que pasa. Con los programas en la mano, no se escandalicen por lo que voy a decir, se parece mucho más la política social del PP y del PSOE que la de Ciudadanos y PSOE, pero dada la cerrazón de la dinámica de bloques que los partidos y sus padrinos económicos y mediáticos han levantado en España, cualquiera sostiene esta ‘gran coalición’. Aún así, creo que, dado el ambiente de crisis, este gran pacto a la alemana, sería más racional, lógico y patriótico que volver a elecciones o posibilitar un pacto del PSOE con Unidas Podemos, el PNV y los independentistas catalanes. Pero eso sería una barbaridad, ¿no? Es mejor seguir viviendo de la política modo ‘fútbol’ y apelar a la incompatibilidad de afectos. Así nada cambia en los partidos ni en el juego (falso) de los montajes ideológicos.