Europa no puede quedarse atrás

M.H. (SPC)
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Las técnicas de mejora genética tienen las claves para agricultura que busca la Comisión Europea: sostenibilidad, mayor rendimiento, menor uso de productos fitosanitarios o más adaptabilidad

Europa no puede quedarse atrás

La población mundial crece sin pausa, el cambio climático está modificando las condiciones de cultivo en muchas zonas y aumentan las exigencias por parte de los gobiernos en cuanto a seguridad alimentaria. Para adaptarse a estas y otras exigencias la agricultura se está viendo ya obligada a adoptar nuevas estrategias. La tecnología y los avances científicos van a jugar un papel más que relevante a corto plazo si el ser humano quiere amoldarse a estas nuevas realidades y Europa no puede quedarse atrás.

Precisamente la semana pasada, coincidiendo con la publicación por parte de la Comisión Europea (CE) de un estudio sobre nuevas técnicas genómicas, la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE) celebraba un webinar precisamente titulado ‘La mejora genética: el gran aliado del Pacto Verde’ en el que se abordaban todas las ventajas que puede aportar esta técnica de obtención vegetal. Y en ese webinar, ya con el estudio de la UE en la mano, desde ANOVE hacían la siguiente reflexión: se necesita una acción urgente de la Comisión y los estados miembros para permitir un enfoque diferenciado de los productos derivados de métodos innovadores de mejora genética vegetal. 

El estudio de la CE muestra que este conjunto de técnicas tiene el potencial de contribuir a un sistema alimentario más sostenible como parte de los objetivos del Pacto Verde Europeo y la estrategia ‘De la granja a la mesa’. Al mismo tiempo, el estudio encuentra que la legislación actual sobre OGM, adoptada en 2001, no es adecuada para el propósito de estas tecnologías innovadoras. En las conclusiones del webinar Antonio Villaroel, secretario general de ANOVE, coincidía con la Comisión Europea en que esa legislación vigente está desfasada, ya que se basa en conocimientos de hace tres décadas, y en que es necesario actualizarla cuanto antes para facilitar el trabajo de los obtentores vegetales y, por extensión, también de los agricultores.

Europa no puede quedarse atrásEuropa no puede quedarse atrásEste estudio de la CE es el resultado de una amplia consulta con diferentes partes interesadas y estados miembros. La industria de semillas, encabezada por Euroseeds, en la que se integra ANOVE, aportó información detallada a la consulta de la Comisión, subrayando la opinión del sector de que se necesita un cambio del marco regulador de la UE para permitir un enfoque legal y práctico diferenciado de los productos derivados de métodos innovadores de mejora genética, similar al que en el resto del mundo han implementado.

El sector europeo de semillas, y por supuesto el español, así como los agricultores de la UE y otros socios de la cadena de valor agroalimentaria y la comunidad científica han subrayado repetidamente la importancia y urgencia de este tema para el futuro de una agricultura y producción de alimentos más sostenibles, especialmente en apoyo de los ambiciosos objetivos establecidos en las estrategias de la UE ‘De la granja a la mesa’ y ‘Biodiversidad 2030’.

Desde ANOVE consideran que la publicación del estudio de la Comisión es un paso clave para permitir que Europa adapte su legislación: «no debe convertirse en una oportunidad perdida». La Comisión y los Estados miembros deben actuar ahora y evitar largos procesos innecesarios que impliquen dejar a Europa fuera de la innovación agrícola. Confían en que se inicie un debate abierto y constructivo con los responsables políticos y todas las partes interesadas en las próximas semanas.

Europa no puede quedarse atrásEuropa no puede quedarse atrásY es que la mejora genética es una técnica gracias a la cual se pueden conseguir variedades de plantas cultivables con una mayor adaptación a las sequías y a las plagas o con una necesidad menor de fertilizantes y fitosanitarios, entre otras cosas. Con la mutagénesis dirigida, además, eso se logra sin introducir en los organismos en cuestión genes foráneos, simplemente sacando todo el partido posible a los que ya tienen el tomate, el trigo o cualquier otra especie que interese.

Esta técnica, capaz de resolver múltiples problemas que ahora sufren los agricultores, cuenta además con el consenso casi absoluto de la comunidad científica sobre su total seguridad para las personas. La agricultura del futuro está en un laboratorio y la obligación de la administraciones es facilitar las cosas a aquellas entidades que quieran avanzar e innovar en este campo, porque de ello depende que los cultivos del futuro puedan alimentar a toda la población mundial sin causar al planeta más impacto que el estrictamente inevitable.

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