Un legado envenenado

M.R.Y. (SPC)
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Al Qurashi toma las riendas de un Estado Islámico cuyo futuro se antoja complicado tras la muerte de su califa, Al Baghdadi

Un legado envenenado - Foto: Contacto

Barisha, una aldea siria situada a apenas seis kilómetros de la frontera con Turquía, fue el escenario de un cambio de etapa, tal vez el final del Estado Islámico (EI) o, quién sabe, el resurgir del grupo yihadista. En esa localidad se llevó a cabo el pasado 26 de octubre una operación militar que acabó con la vida del líder de la red terrorista, Abu Bakr al Baghdadi, y que abrió un panorama lleno de incógnitas.
A pesar de que la propia organización restó importancia a esta pérdida -«No perdemos un líder, ni nos matan a un príncipe», aseguró en un comunicado-, la figura de Al Baghdadi fue clave en la creación del EI como grupo propio. Fue él quien, cuatro años después de ascender a la Jefatura de la entonces ramificación de Al Qaeda, decidió romper con el sucesor de Osama bin Laden, Ayman al Zawahiri, se desvinculó con la red terrorista promoviendo su propia marca y autoproclamó un califato de terror y horror que tiñó de sangre los cinco continentes.
Tras su muerte, el dirigente, al igual que sucedió con Bin Laden -que también perdió la vida en un operativo del Ejército de EEUU-, será difícil de suplir, y la ausencia de su califa puede llevar al Estado Islámico a fusionarse con Al Qaeda e, incluso, a desaparecer.
No consideran esta última opción ni los mandatarios mundiales ni los expertos, que ven en este deceso una «pérdida de fuerza», pero en ningún caso un desvanecimiento de la amenaza del EI.
Aunque en apenas un día las tropas estadounidenses acabaron con el número uno de la organización y con su previsible heredero -Abu Hasan al Muhayir, yerno de Al Baghdadi y portavoz del EI-, el grupo terrorista ya tenía en mente a varios sucesores y el pasado jueves designó al heredero del liderazgo, Abu Ibrahim al Hashimi al Qurashi. 
Conscientes de que no valía cualquiera -el fallecido no solo era el jefe del Estado Islámico, sino que se autoproclamó califa y, como tal, era visto por millones de islamistas en todo el mundo-, Al Qurashi podrá reivindicar ese cargo, ya que, tal y como confirmó el EI, es, al igual que su predecesor, descendiente del profeta Mahoma. Así, la red incidió en la autoridad del nuevo líder, que ha sido declarado también califa, y del que agregó que se trata de un erudito religioso y un «experimentado comandante». 
El recién designado tendrá que mantener bajo su mando a las 14 filiales con las que cuenta el EI y prolongar la actividad insurgente, principalmente en Asia y África, donde el grupo ha ido adquiriendo notoriedad.
De hecho, a esas facciones hizo mención la red en el mensaje en el que reconoció la muerte de Al Baghdadi y clamó «venganza» por ello contra EEUU: «Estados Unidos, ¿no se da cuenta de que el Estado Islámico está ahora en el frente de Europa y África Occidental? Se extiende desde Oriente hasta Occidente». «No te alegres por la muerte del jeque Al Baghdadi y no olvides la muerte que has sufrido a manos de él», agregó dirigiéndose a la potencia norteamericana.
En este sentido, reclamó a los seguidores del grupo que mantengan su fidelidad al Estado Islámico, desechando una posible fusión con Al Qaeda. 
Así, queda claro que el heredero del legado del terror no piensa tirar la toalla ni acabar con su actividad asesina. El mundo sigue amenazado, aunque esta vez por un hombre del que apenas se conocen datos ni tan siquiera su rostro.