EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Forma, materia y aire

Aunque existen ciudades que no se caracterizan por un atractivo especialmente inmenso e irresistible, el flechazo, como ocurre con las personas, puede ser rápido, intenso y arrebatador. Nunca se sabe. Por ello, según te asomes a la ciudad por primera vez, según las sensaciones que tengas en el primer instante, el motivo de la visita, las personas que te acompañan y las que te reciban, la luz, la disposición para el paseo, el silencio y la afabilidad de las percepciones iniciales, será determinante para que esa ciudad pudiera llegar a hipnotizarte tal vez en un amor efímero que te obligara a volver.
Obligación de buen vecino y ciudadano, en concordancia con el cariño que siempre se suele profesar y manifestar hacia el pueblo o la ciudad de cada uno, es buscar algún motivo que pueda servirnos de ocasión y excusa para promocionarlo, para vender sus bonanzas o resaltar algo que destaque de forma permanente o eventual. En mi caso, teniendo a mano esta estilita ventana periodística de lectura en toda nuestra Región castellanomanchega, aprovecho para sugerir una magnífica visita a la ciudad de Albacete a todos los que de la hospitalidad de sus gentes y de su gastronomía quieran gustar. Mi recomendación viene al caso y a propósito de la posibilidad de visitar la magnífica muestra del escultor Julio López Hernández, ‘Forma, materia y aire’, que se expone en el Museo Municipal de Albacete hasta el próximo día 7 de julio.
Nadie quedará defraudado con la visita pausada y sosegada en esta muestra escultórica de uno de los estandartes del arte realista en España, junto a Antonio López, su hermano Francisco e Isabel Quintanilla, que pertenecen al grupo histórico y generacional de pintores y escultores que componen la escuela realista madrileña. La visita se desdobla, sin solución de continuidad, subiendo luego a la primera planta del museo, donde encontramos el complemento perfecto, ya solo hasta el próximo domingo día 9 de junio, con la exposición ‘Todo lo que soy’, en la que la joven fotógrafa albacetense Clara Lozano presenta obras con sus temas favoritos sobre arte, mujer, moda, juventud o feminismo. Fotografías con modelo, en estudio, con inspiración en la pintura clásica, fondos negros y poses clásicas.
Es curioso advertir como salvando las distancias entre escultura y fotografía, entre la consagración del maestro y la artista en sus comienzos, la estética de Julio y de Clara está dominada por el valor del gesto y la narración expresiva. En ambas obras siempre queda el reflejo interno y humano del modelo representado.
Luego, desde la Plaza del Altozano donde se ubica el Museo, procede ya, sin dilación, la búsqueda de la cañita fresca, el vino apropiado y las exquisiteces de las artes gastronómicas que la ciudad ofrece al visitante.