Papá Noel vs Reyes Magos

J. López
-

La profesora y antropóloga Luisa Abad analiza la llegada de costumbres «a la carta» y el nuevo modelo de celebraciones, en detrimento de las tradiciones y fiestas de toda la vida

Papá Noel vs Reyes Magos

Halloween, Oktoberfest, Babyshower, Single Day y en unos pocos días Black Friday y Cyber Monday. ¿Le suenan estas tradiciones extranjeras? Seguramente sí. Estas fiestas, la mayoría llegadas del otro lado del Atlántico, han venido para quedarse y formar parte de nuestro propio acervo. ¿Quién recuerda la fiesta de los quintos, la matanza, o el día de las ánimas? ¿Desplazará finalmente Papa Nöel a los tradicionales Reyes Magos de Oriente? Todo apunta a que, a la larga, así será. Sobre todo porque las nuevas generaciones asumen las novedosas tradiciones como propias y en poco tiempo forman parte de su vida cotidiana. «La cultura no es estática. Nunca lo ha sido y está siempre en continua transformación», dice la doctora, profesora y antropóloga de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad de Castilla-La Mancha, quien afirma que para los niños que celebran Halloween «esos son sus referentes. Se lo han contado en el colegio». Pero, ¿qué ha pasado en los últimos años para que se hayan dejado nuestras tradiciones de lado y se hayan asumido como propias las nuevas?, y ¿en qué momento se produjo la ruptura? De entrada, la profesora de la UCLM asegura que «hay muchos factores que influyen en que unas fiestas se mantengan y otras se transformen. Claro que veremos que desaparecerán algunas, pero todo lo que se elimina es porque deja de ser funcional o deja de cobrar sentido». Abad, citando al sociólogo y filósofo  polaco-británico Zygmunt Bauman y su concepto de modernidad líquida, justifica que la sociedad tradicional de mediados del siglo XX asociaba sus fiestas al ciclo estacional, agrícola, y al religioso. «La primavera marca desde un punto de vista ritual determinadas fiestas. A partir de febrero se celebra la Candelaria y empieza a fluir la vida, la fertilidad y fiestas asociadas a ella», recuerda, y justifica que según Bauman, con el cambio de milenio, cambia el concepto y «se produce una ruptura en todos los referentes que teníamos. Eso se ha trasladado a un capitalismo global. Quien te dice qué se celebra ahora, en el calendario, son las empresas».
Calendario ‘hipertrofiado’. Como ejemplo de este almanaque festivo «hipertrofiado», expone que en pleno mes de noviembre «ya están los turrones y los roscones. Las personas que tenemos el referente y la ilusión de ir en la mañana de Reyes a comprar el roscón y hacer cola con la ilusión de comértelo ese día, nos encontramos con que ahora, antes de tiempo, te lo venden en una caja y ha sido fabricado hace dos meses. ¿Eso qué gracia tiene?».La llegada de nuevas costumbres no queda ahí. En los últimos tiempos se suceden desfiles académicos para escolares de Primaria, con toga y birrete al estilo americano, en los que se llega a cantar el Gaudeamus Igitur como si de un acto académico se tratase. Ahora están de moda los Babyshower o fiestas de nacimiento, las despedidas de soltero, los álbumes preboda, y en estas fechas anteriores a la Navidad el Black Friday o el Cyber Monday. «Encadenamos una fiesta detrás de otra. Eso es puro y absoluto consumismo. Hay gente que compra cosas que ni siquiera necesita. Se le ofrece una oportunidad y dice: lo voy a comprar porque si no lo hago parece que soy menos que los demás», opina la doctora y profesora de la UCLM. Ese consumismo exacerbado, del que habla Abad, nos lleva a «una cultura imitativa que, primero, es insostenible y, segundo, causa un gran desasosiego personal porque hay gente que no vive sus vidas, viven en un espejo. Lo que hacen los demás lo tengo que hacer yo porque si no estoy aislado». Además, existe «una competitividad para ver quien es más creativo. No existe intimidad. Hay un concepto de multimidad en el que todo se exhibe a través de las redes sociales», hasta el punto de que «el ciclo de vida del individuo se ha convertido en un mega álbum con páginas infinitas». No todo tiene porqué ser malo. La globalización «tiene también cosas buenas, como el acceso al conocimiento». El problema  está «en la violencia simbólica, una presión social que hace que si no consumes según qué productos estás en fuera de juego. Eso forma parte de la cultura imitativa». Por esta razón, piensa, «hay que asumir que el mundo está cambiando vertiginosamente y cualquier tiempo pasado no va a volver». No obstante, siempre quedará «el ejercicio reflexivo de cada uno, los movimientos de resistencia al consumismo, la gente que está volviendo a otro tipo de sociabilidad». Aunque, eso sí, « lo veremos de forma lenta, porque es una lucha de David contra Goliat».